Hay inventos que te reconcilian un poco con el audio digital. No porque vayan a destronar a nadie mañana, sino porque te recuerdan que sí se puede hacer bien si a alguien le da por currárselo. Y en esto de la música «premium» llevamos una temporada rara. Mucho titular con Atmos, mucho logo de «hi-res», mucho «audio espacial»… y luego tú le das al play y te queda esa sensación de «¿dónde está la chicha?».
Por eso me ha llamado la atención Headphone Dust. No por el nombre, que suena a tienda de camisetas de un festival pequeño, sino por lo que propone. Comprar música y bajártela en calidad sin pérdidas, con varias mezclas para elegir. Estéreo de toda la vida, Dolby Atmos, 5.1 y, en algunos casos, una versión pensada para auriculares. O sea, justo lo que muchos llevamos diciendo años cuando sale el tema de «¿y si el streaming diera un paso más?».
Y además detrás de este proyecto está Steven Wilson, el de Porcupine Tree, que en este mundillo es un nombre con peso por una razón muy simple. Lleva años metiendo mano a mezclas multicanal y Atmos y se le conoce por haber trabajado con catálogos que no son precisamente menores. Elton John, Black Sabbath, King Crimson, Guns N’ Roses… esa liga. Con ese historial, por lo menos te sientas a escuchar.
Qué es Headphone Dust y por qué, sobre el papel, es lo que muchos pediríamos

Headphone Dust es una tienda. No es «ponme la playlist y ya», ni vive de tenerte enganchado con recomendaciones. Entras, compras un álbum y te lo descargas. Y ese álbum viene con la gracia de poder elegir mezcla. Estéreo, Atmos, 5.1, y una versión específica para auriculares cuando toca. A mí eso ya me parece un enfoque bastante sano, pero básicamente porque no hay trampa. Tú pagas y te llevas el contenido en la calidad que toca.
El cómo lo empaquetan también tiene su cosa. Por un lado puedes descargar en FLAC, perfecto. Y luego usan MKV como contenedor para poder meter varias pistas dentro del mismo archivo y que puedas escoger qué mezcla quieres reproducir. Es como una idea de «edición doméstica» con distintas pistas, pero aplicada a música.
El precio, sin ser «regalado», tampoco es de locos. Se mueve alrededor de 14,99 o 18,99 libras por álbum. Si vienes del mundo de las ediciones físicas un poco cuidadas, ya sabes que muchas veces te pones en cifras peores por bastante menos. En esta situación, por lo menos, estás pagando por formatos y mezclas que tienen sentido si te importa el sonido.
Lo que ahora mismo le corta las alas
El primer problema es el más evidente. Hay muy poco catálogo. A día de hoy es casi «la casa de Steven Wilson», con unos cuantos álbumes disponibles. Y ojo, tiene lógica si esto arranca como demostración de «mirad cómo debería hacerse», pero claro… así no vas a mover masas. Para que un proyecto de este tipo crezca de verdad, necesita más artistas, más sellos y más lanzamientos. Si no, se queda como una boutique para cuatro fans (que no está mal, pero es otra película).
El segundo problema es tema comodidad, que en audio pesa más de lo que nos gusta admitir. Porque por mucho que vendas «máxima calidad», si la reproducción es un lío, la gente pasa. El MKV funciona de lujo en un ordenador, y hay mucha gente con DAC y un buen set-up conectado al PC, claro. Pero sinceramente. ¿Cuántos tienen como rutina conectar un portátil al ampli o al sistema Atmos del salón para escuchar música así? Muy pocos ya te lo digo.
Ahí es donde a mí me sale el «vale, esto está muy bien, pero…» porque la idea pide un paso más. Necesita una manera más amigable de consumirse, algo que no dependa tanto de «tú sabrás qué reproductor usar» o «tú sabrás cómo elegir pista». Yo diría que sii el proyecto quiere salir del nicho, tiene que aterrizar mejor en el día a día de alguien que tiene un buen equipo, sí, pero que tampoco quiere pelearse con el ordenador cada vez que se pone un disco.
Lo que molaría que pasara a partir de aquí y por qué, aunque no reviente, ya deja un mensaje claro

A mi lo que me gusta de Headphone Dust es el golpe de realidad que mete a la conversación. Calidad, formatos a elegir y control para el usuario. Eso, tal cual. Y además con mezclas multicanal y Atmos hechas con intención, no como un «vamos a poner la etiqueta y arreando».
Si consiguen ampliar el catálogo y, sobre todo, pulir la forma de reproducirlo de manera más cómoda, esto puede convertirse en ese sitio al que vas cuando quieres escuchar «en serio». No para poner música de fondo, sino para sentarte y decir «ahora sí». Y esa diferencia, para el que disfruta de esto, es enorme.
Y aunque no se convierta en un fenómeno, ya ha hecho algo importante. Ha dejado una prueba encima de la mesa. Se puede hacer. Se puede vender música digital con calidad sin pérdidas, con mezclas diferentes y con sensación de «esto es mío». Ahora queda ver si se queda como escaparate o si alguien lo empuja hasta convertirlo en algo grande. Yo, por lo menos, le seguiría la pista.




