Durante años, hablar de Clase D en equipos Hi-End era poco menos que mentar al demonio. Los aficionados más puristas la asociaban a amplificadores pequeños, subwoofers, productos baratos o equipos donde importaba más sacar muchos vatios ocupando poco espacio que conseguir ese sonido refinado que esperamos de una electrónica de miles de euros.
El tema está en que aquello ha cambiado una barbaridad. Y no hablamos de amplificadores de 500 o 1.000 euros precisamente. Tenemos al TAD A1000, un integrado de unos 26.000 euros con amplificación Clase D, al Cambridge Audio Evo 300 de 3.999 euros con módulos Hypex NCOREx o al NAD M23 V2 utilizando la segunda generación de Purifi Eigentakt. Es decir, la Clase D ya no está intentando entrar en el Hi-End: ya está dentro.
Y es que una de sus grandes ventajas sigue siendo la misma de siempre: muchísima potencia, menos calor y una eficiencia brutal. Pero ahora se ha solucionado buena parte de aquello que hacía torcer el gesto a muchos aficionados, especialmente en distorsión, comportamiento con diferentes altavoces y estabilidad. El resultado es que cada vez más fabricantes de gama alta la están utilizando sin ningún complejo.
De un TAD de 26.000 euros a un Cambridge de 3.999: esto ya no va de amplificadores baratos

Probablemente el ejemplo más bestia sea el TAD A1000. Hablamos del primer amplificador integrado de la firma japonesa y de un aparato que ronda los 26.000 euros en Europa. Por dentro combina un previo analógico con una etapa de potencia Clase D capaz de entregar 250 W por canal a 4 ohmios.
Y ojo, que nadie piense que por ser Clase D estamos ante una caja pequeña con cuatro placas dentro. El A1000 pesa unos 29 kilos, utiliza una enorme fuente de alimentación con transformador toroidal, cuatro condensadores de 33.000 μF y una construcción interna dividida en diferentes secciones para aislar los circuitos entre sí.
Es precisamente aquí donde se ve el cambio. TAD no utiliza Clase D porque quiera fabricar un amplificador barato o ligero. La utiliza porque le permite sacar mucha potencia con una eficiencia muy alta y después construir alrededor todo el resto de la electrónica como le dé la gana. La Clase D ya no condiciona el producto: simplemente es otra herramienta más para diseñarlo.
Hypex y Purifi tienen buena parte de la culpa

Si bajamos bastante el precio aparece otro ejemplo muy claro: el Cambridge Audio Evo 300. Cuesta 3.999 euros y utiliza módulos Hypex NCOREx para entregar nada menos que 300 W por canal a 8 ohmios y 550 W a 4 ohmios.
Aquí sí aparece la otra cara de la moneda. Todo eso cabe en un chasis bastante compacto, de apenas 7,2 kilos, donde Cambridge ha podido montar además arquitectura dual mono, previo balanceado y controles de volumen analógicos independientes. Hace unos años, sacar esas cifras con una amplificación tradicional probablemente habría obligado a usar un aparato bastante más grande y caliente.
NAD también lleva tiempo apostando muy fuerte por esta filosofía. Su M23 V2, dentro de la familia Masters, utiliza la segunda generación de Purifi Eigentakt y entrega 200 W por canal a 8 ohmios y 380 W a 4 ohmios. Si lo configuramos en modo puente, puede alcanzar 700 W continuos como etapa mono.
La clave está en que la Clase D de hoy no tiene mucho que ver con la de hace años

Aquí está realmente el meollo de todo esto. Uno de los problemas históricos de la Clase D estaba en la propia conmutación de los transistores, en el filtro de salida y en cómo podía variar el comportamiento del amplificador dependiendo de la impedancia de los altavoces que conectáramos.
Las plataformas actuales han atacado justo esos puntos. Purifi Eigentakt utiliza sistemas de corrección y realimentación extremadamente avanzados, mientras que Hypex lleva años perfeccionando sus tecnologías NCore y NCOREx para reducir la distorsión y mantener el comportamiento del amplificador mucho más controlado independientemente de la carga.
Traducido a nuestro idioma: ya no tenemos aquella Clase D que simplemente daba muchos vatios y poco más. Ahora podemos tener cientos de vatios, distorsión bajísima, una impedancia de salida muy reducida y mucha menos energía perdida en forma de calor. Y eso, para cualquier fabricante, es una combinación muy golosa.
Eso no significa ni mucho menos que la Clase AB vaya a desaparecer. De hecho, hay fabricantes que siguen apostando por ella incluso en modelos completamente nuevos. El Michi Prestige S430 de Rotel, por ejemplo, sigue utilizando Clase AB para entregar 230 W por canal a 8 ohmios y 390 W a 4 ohmios.
Pero la frontera que existía hace unos años sí se está borrando. Clase D ya no significa amplificador barato, pequeño o pensado únicamente para ahorrar energía. Cuando TAD mete esta tecnología en un integrado de 26.000 euros, Cambridge la utiliza para sacar 550 W por canal y NAD la coloca en plena serie Masters, queda bastante claro por dónde están empezando a ir los tiros.




