A veces nos liamos mucho hablando de monstruos, de sustos, de si una peli da más o menos miedo por lo que enseña en pantalla… pero luego llega alguien y te recuerda una verdad bastante simple. En el terror, muchas veces lo que más te machaca no es lo que ves, sino lo que oyes. Y eso es justo lo que ha querido hacer Ian Tuason con Undertone, su debut como director, una película de A24 que, según cuentan, está poniendo el foco en algo que en este género siempre ha sido clave, pero que no siempre se trata con tanto mimo: el sonido.
La gracia de Undertone está en que no parece querer asustarte a base de sustos baratos cada cinco minutos, que ya sabemos cómo va eso. Subidón de volumen, golpe seco, corte rápido y a correr. No. Aquí la idea parece ir por otro lado. Crear incomodidad, tensarte poco a poco y meterte en la escena a través del audio, que al final es una de las herramientas más potentes que tiene el cine cuando se usa bien. Y, sinceramente, a mí esto me parece bastante más interesante que el típico festival de jump scares sin ton ni son.
De hecho, según recoge TechRadar en una entrevista con el propio Tuason, el director lo resumió de una forma que se entiende sola: cree que “el audio es el 90% de lo que asusta a la gente en las películas de terror”. Y oye, dicho de otra manera, no le falta razón. Porque tú puedes cerrar los ojos un segundo, mirar a otro lado o apartarte de la pantalla… pero del sonido no te escapas tan fácil. Si algo suena cerca de tu oreja, detrás de ti o en un rincón de la sala, el cuerpo reacciona antes incluso de que te dé tiempo a pensarlo.
Undertone quiere meterte el miedo en el cuerpo a través del sonido

La película sigue a una mujer que presenta un podcast paranormal junto a un amigo. Ella es escéptica, él sí cree en todo ese mundo, y claro, ya nos podemos imaginar por dónde va la cosa. Lo interesante es que, por lo visto, la historia usa los ruidos, las distancias, los silencios y la dirección del sonido como parte central de la experiencia, no como un simple acompañamiento. Es decir, el audio aquí no está de adorno. Está metido en el ADN de la película.
Y esto no sale de la nada. Tuason explicó a TechRadar que viene de trabajar en experiencias de realidad virtual, así que tenía bastante claro que quería aprovechar todo lo aprendido con paisajes sonoros en 3D. La idea era colocar al espectador dentro de un espacio, jugar con si el sonido está lejos o pegado a ti, si cae desde arriba, si parece venir de un rincón o si directamente te sacude el asiento. Vamos, que no hablamos solo de “se escucha bien”, sino de usar el sonido como una herramienta física, casi táctil.
Eso, llevado a una película de terror, tiene muchísimo sentido. Porque cuando el audio está bien pensado, no solo acompaña lo que pasa, sino que te obliga a estar alerta de una forma muy distinta. Un crujido al fondo, un susurro mal colocado, un golpe sordo que no sabes de dónde viene… todo eso te pone mucho más nervioso que ver un bicho en primer plano a plena luz del día. Y si encima lo escuchas con unos buenos auriculares o en una sala con un equipo serio, la sensación se multiplica.
Ian Tuason no quiere asustarte con sustos fáciles, quiere dejarte tenso

Otra parte bastante interesante de la entrevista es que Tuason reconoce que los jump scares no le entusiasman demasiado. Y la verdad, se agradece escuchar eso. No porque no funcionen nunca, que a veces funcionan y muy bien, sino porque el cine de terror gana muchos enteros cuando intenta ir un poco más allá del simple sobresalto. Según comenta, para él es mucho más incómodo tensar al espectador y mantenerlo tenso que soltarle un susto rápido y pasar a otra cosa.
A mí esta forma de entender el terror me parece bastante más efectiva. El susto puntual te hace pegar un bote, sí, pero a los dos segundos se ha pasado. En cambio, cuando una peli consigue que estés incómodo durante varios minutos, mirando al fondo de la pantalla, esperando que pase algo aunque no pase nada, ahí es donde de verdad te ha atrapado. Y el sonido, en eso, juega una barbaridad. Porque un silencio mal colocado, o mejor dicho, perfectamente colocado, puede ser mucho más violento que un grito.
De hecho, el propio director puso como ejemplo una escena de 2001: Una odisea del espacio en la que HAL mata a un astronauta. Lo que le impacta no es un susto al uso, sino ese contraste entre el siseo del oxígeno y luego el silencio absoluto del espacio, con el astronauta girando mientras intenta sobrevivir. Y claro, eso encaja bastante con la idea que parece defender Undertone. No hace falta que todo explote para inquietarte. A veces basta con quitar el sonido correcto en el momento exacto.
Si llega al streaming, esta será de esas películas para ver con buen equipo… si te atreves

La propia periodista de TechRadar cuenta algo bastante revelador después de verla: que no fue capaz de ponerse los auriculares con cancelación de ruido al volver a casa porque iba demasiado sugestionada. Y eso dice bastante. Cuando una película logra que salgas del cine mirando raro a tus cascos o al silencio de la calle, algo ha hecho bien. Eso significa que el sonido no se ha quedado dentro de la sala, sino que te ha seguido un rato más, que al final es justo lo que busca cualquier buen relato de terror.
Por eso, si Undertone termina llegando al streaming con una mezcla de sonido cuidada, puede ser una de esas pelis que haya que ver en condiciones. Y con condiciones me refiero a una buena barra de sonido, un sistema envolvente decente o unos auriculares serios, no el altavoz tristón de la tele puesto de fondo mientras miras el móvil. Porque si su propuesta gira alrededor del audio, verla de cualquier manera sería un poco cargarse la gracia.
En definitiva, lo que deja esta entrevista es una idea muy clara. Ian Tuason no quiere que Undertone sea solo otra peli de terror más. Quiere que el miedo entre por los oídos antes que por los ojos. Y visto lo que ha contado a TechRadar, tiene bastante lógica. Al final, el verdadero terror casi nunca está en el monstruo que ves venir, sino en ese ruido que no sabes de dónde sale, ese silencio que dura más de la cuenta y esa sensación de que hay algo contigo en la habitación aunque no lo veas. Y sí, eso da bastante más mal rollo.




