Cada vez cuesta más “convencer” a alguien para ir al cine. Y no porque el cine haya perdido chispa (para nada), sino porque ahora en casa tenemos teles enormes, proyectores decentes, barras de sonido que pegan fuerte… y el combo sofá + pausa + “me hago la cena” es un rival muy serio.
Por eso, cuando alguien decide salir, suele hacerlo con otra mentalidad: si voy, quiero que sea un plan. No “voy a ver una peli”, sino “voy a vivir una experiencia”. Pantalla gigante, sonido que te envuelve, imagen que te ocupa toda la vista… ese rollo de “evento” que en el salón, por bien que lo tengas montado, no siempre puedes clavar igual.
Y ahí es donde IMAX llega y suelta el dato en la mesa como quien no quiere la cosa: 2025 ha sido un año récord, con 1,28 mil millones de dólares de taquilla global, un +40% respecto a 2024 y un +13% por encima del récord de 2019 (pre-COVID). Y ojo, que no es solo dinero: IMAX ya representa el 3,8% de la taquilla mundial. Para un formato premium, es una cifra que te hace levantar las cejas.
El “si voy, voy a lo grande”: por qué el cine premium está tirando del carro

Aquí la película (nunca mejor dicho) es bastante clara: puede que el mercado general de salas no esté en su mejor momento, pero el público que sí va está eligiendo con más intención. Y “con intención” suele significar lo mismo: formatos premium. Lo que se conoce como PLF (Premium Large Format): IMAX, Dolby Cinema, Cinity, Epic y demás.
Porque si vas a pagar entrada, desplazamiento y palomitas (que ya cuestan lo suyo), lo normal es querer el extra. Esa sensación de “esto no lo veo igual en casa” es la que está salvando muchas noches de cine. Y en ese terreno, IMAX juega con una ventaja clarísima: tiene marca, tiene “mística”, y cuando está bien montado… te deja con la boca abierta.
Además, IMAX no solo ha crecido en caja, también en músculo. En 2025, la compañía dijo que proyectó 122 títulos en alguna forma de IMAX (otro récord), y su red global anda en el entorno de más de 1.800 pantallas/salas. Vamos, que ya no es “la sala especial” de unas pocas ciudades: es un circuito enorme que puede empujar estrenos durante todo el año.
Y aquí hay otro punto que me parece brutal: China. El título IMAX más taquillero de 2025 fue “Ne Zha 2”, lo que deja clarísimo que el fenómeno IMAX no es solo Hollywood. Hay mercados donde el público premium está especialmente enchufado, y eso también explica parte del crecimiento.
El “pero” de IMAX: no todo IMAX es el IMAX que tú imaginas
Ahora bien, esto hay que decirlo: IMAX se ha “fragmentado”. Y esto no es hate gratuito, es simplemente la realidad del mercado. Mucha gente piensa “IMAX” y se imagina la sala de sus sueños: pantalla gigantesca, formato altísimo, sensación de estar dentro de la película… y sí, eso existe. Pero no es lo único que existe.
Por un lado están las salas que los fans llaman “true IMAX”: las de pantalla realmente monstruosa y, en algunos casos, con capacidad para el formato 1.43:1, que es ese “pantallón” casi cuadrado que te llena la visión como un muro. Ahí entran las configuraciones clásicas de IMAX GT en 70 mm y algunas salas especiales con láser “GT”. El detalle importante: son pocas. Cuando se habla del “IMAX puro” de verdad, el número de salas 70 mm GT en el mundo es muy limitado (se suele hablar de menos de 40).
Y luego está el IMAX más común en multisalas: IMAX Digital, que normalmente trabaja con el formato 1.90:1. Ojo, que esto puede verse y escucharse muy bien, y en muchos casos sigue siendo una experiencia superior a una sala estándar. Pero no es lo mismo que el “bicho” 1.43:1, y ahí viene el enfado de algunos: el famoso término “LieMAX” nació precisamente por la sensación de “me estás cobrando premium y no me estás dando ese IMAX”.

Dicho de otra forma: no todo IMAX es igual, y el problema no es que exista variedad (eso es normal), sino que mucha gente paga esperando una experiencia concreta y luego se encuentra algo más “normalito”. Si lo miras con calma, la conclusión práctica es sencilla: si vas a IMAX por un estreno que te importa, mira qué sala es y qué formato ofrece. Porque ahí está la diferencia entre “qué pasada” y “bueno, bien”.
Y ya que estamos, hay otra conversación que cada vez suena más: el HDR en cine. En casa vivimos con HDR hasta en el telediario, pero en salas el tema es más complejo. Existen alternativas como las pantallas LED modulares (tipo Samsung Onyx) que abren la puerta a un “cine HDR” más real. IMAX, por ahora, no ha sido especialmente claro con planes públicos en esa dirección, así que ese melón sigue a medio abrir.
Lo que viene en 2026: gasolina premium para la máquina del espectáculo
Ahora vamos al punto que lo explica casi todo: los estrenos. IMAX está proyectando 1,4 mil millones de dólares en 2026, y cuando miras el calendario… se entiende la confianza. Porque lo premium vive de “eventos”, y 2026 viene cargadito de películas que la gente quiere ver “a lo grande”.
IMAX también ha hablado de 12 títulos “Filmed for IMAX” confirmados para 2026, y aquí hay dos nombres que, si te gusta el cine, te cambian la cara:
- La odisea, de Christopher Nolan, que se está vendiendo como la primera película rodada completamente con cámaras de película IMAX. Y con Nolan ya sabemos cómo funciona esto: si él te dice “hay que verla en sala”, es porque la ha pensado así desde el minuto uno.
- Dune: Parte Tres, con Denis Villeneuve, que ya está totalmente metido en la idea de que su universo se disfruta mejor con pantalla grande, sonido grande y esa escala que en casa se te queda más pequeña sí o sí.
Y luego está el tema “industria”, que también tiene su miga: el acuerdo de Netflix con IMAX para un estreno exclusivo de dos semanas de Narnia (Greta Gerwig). Esto generó críticas desde exhibidores, y aquí lo interesante no es el drama empresarial, sino lo que significa: el premium se está convirtiendo en moneda de cambio. Es decir, el “valor” no es solo la película, sino dónde y cómo se estrena.

Por cierto, para poner en perspectiva lo de 2025, el top de IMAX deja claro qué tipo de títulos empujan el formato premium:
- Ne Zha 2 — 166,7 millones
- Avatar: Fuego y ceniza — 112 millones
- F1: La película — 97,6 millones
- Guardianes de la noche: Kimetsu no Yaiba – La fortaleza infinita— 95,9 millones
- Misión imposible: Sentencia final — 75,8 millones
Vamos, que no hablamos de “pelis pequeñas” precisamente. El premium vive del gran espectáculo, de la franquicia, del fenómeno, de la película que te apetece “presumir” de haber visto en el mejor formato.
Entonces… ¿el cine premium es el futuro del cine?
Y aquí viene la reflexión final, yo sí creo que el cine premium es el futuro del cine en salas, al menos tal y como lo entendemos hoy. Porque el cine “normal” compite contra tu casa, contra tu comodidad, contra tu tele grande, contra el “ya la veré”. Pero el cine premium compite contra otra cosa: contra la rutina. Te vende una noche distinta. Te vende un plan. Te vende una experiencia.
Eso sí, también tiene un riesgo clarísimo: si todo se empuja hacia lo premium, los precios pueden dejar fuera a mucha gente. Y el cine necesita público, necesita volumen, necesita que ir al cine no sea siempre “una ocasión especial”. El equilibrio ideal sería este: que lo premium sea el “evento” (los estrenos que quieres vivir a lo grande), y que el resto de salas sigan siendo dignas, cuidadas y accesibles.
Pero con un 2025 así, y con lo que viene en 2026… es difícil discutirlo: la gente sigue queriendo cine. Solo que ahora, cuando sale de casa, quiere que el cine le devuelva algo grande. Y ahí, IMAX y los PLF están jugando una partida que, de momento, la están ganando con una facilidad casi insultante.




