La obsolescencia programada se suele asociar a productos físicos, como televisores o teléfonos móviles, pero en videojuegos también existe cuando hablamos de títulos digitales, tal y como deja clara esta ley. El uso de servidores para sostener juegos multijugador, y el coste para las empresas del mantenimiento hacen que normalmente esta clase de títulos dejen de funcionar a los pocos años, teniendo incluso casos en los que han durado pocas semanas, como ocurrió con Concord, el fracasado exclusivo de PS5.
Este es un caso extremo, por supuesto, pero es una realidad el hecho de que todos los años desaparecen juegos de forma definitiva por el cierre de sus servidores.
Por ello han comenzado a aparecer iniciativas como «Stop Killing Games», que precisamente buscan que los estados tomen medidas para obligar a las empresas a ofrecer alternativas, como puede ser permitir que los usuarios creen servidores de la comunidad.

La ley debe proteger los juegos digitales
Para entender este concepto sin conocer mucho sobre la industria, es necesario saber que los videojuegos se consideran como una forma de arte, igual que lo son el cine o las series, por lo que la obsolescencia programada de juegos digitales es prácticamente una forma de eliminar la cultura. En un sector en el que se acostumbra a buscar la preservación, estos sucesos son algo más que un contratiempo o una noticia negativa para los usuarios.
Por ello, nacen iniciativas como «Stop Killing Games», para evitar que más juegos terminen desapareciendo simplemente porque las empresas terminan cerrando los servidores que los sustentan, algo que ha ocurrido en demasiadas ocasiones hasta ahora.
A pesar de que originalmente tuvo mucho apoyo por parte de los ciudadanos, y parecía que saldría adelante, con su llegada a la Comisión Europea terminó siendo rechazada esta iniciativa, debido a las dudas que había sobre cómo podría aplicarse en la realidad. Esto dejó a muchos usuarios perplejos, y es que nada parecía indicar este desenlace, aunque es posible que al otro lado del charco hayan tomado buena nota sobre lo que intentamos hacer los europeos, y esperemos que en este caso salga bien.

Aunque tiene sus diferencias, el llamado «Protect Our Games Act» de Pensilvania, que por ahora no es ni si quiera un proyecto de ley, en lo básico es esencialmente lo mismo. Se trata de una iniciativa que busca proteger los videojuegos a largo plazo, o más bien proteger a los usuarios de las acciones anticonsumidor por parte de las empresas, más concretamente cuando hacen que ciertos juegos sean totalmente injugables.
Esencialmente esta norma obligaría a las empresas que quieran cerrar los servidores de sus juegos a adoptar una de tres opciones posibles. Permitir que se juego offline, hacer que se pueda seguir jugando sin depender de servidores oficiales de la empresa u ofrecer un reembolso del juego, aunque con unas reglas muy específicas para evitar que se aprovechen de ello.
Lo cierto es que desconocemos ahora mismo mucho más detalles sobre cómo funcionaría esta norma, y es que como comentaba no ha llegado ni si quiera a proposición de ley. Aun así, lo cierto es que es bastante similar a la iniciativa de «Stop Killing Games» de la Unión Europea, la que probablemente ha sido una de sus grandes inspiraciones.

Esto además trae nueva esperanza incluso a los usuarios europeos. Aunque, si dado el caso sale adelante esta norma, se aplique únicamente a los usuarios de esa región, es posible que la implementación de ella termine obligando de forma indirecta a la Comisión Europea a recuperar este proyecto, y por tanto intentar proteger a los usuarios europeos de las decisiones negativas en este sentido por parte de las diferentes empresas del sector.




