OLED no se convirtió en “la tele buena” de un día para otro. Y esto es algo que a veces se nos olvida porque tú ves un OLED en una tienda, lo pones en modo demo, negros perfectos, colorazo y a casa. Pero detrás hay un curro de años, de ir afinando brillo, vida útil, estabilidad y eficiencia hasta que la tecnología deja de ser “prometedora” y pasa a ser el estándar.
LG Display lo ha resumido muy bien en su historia “OLED Heritage”: desde que empezaron con la producción masiva de paneles OLED grandes en 2013, han ido por “generaciones”, y lo interesante es que no es solo más brillo. Es cómo lo consiguen sin romper lo que hace especial a un OLED: control por píxel, uniformidad, consistencia y ese negro que parece un agujero negro literal.
Así que si alguna vez te has preguntado “vale, ¿y esto de 2.ª, 3.ª o 4.ª generación qué significa en la vida real?”, aquí tienes la guía fácil. Y ya te aviso de entrada: lo de las micro lentes y lo del ‘tándem RGB’ no es postureo de marketing, tiene bastante chicha.
2.ª generación OLED: el truco del deuterio y el “cerebro” que cuida cada píxel

Cuando el OLED grande empezó a despegar, el problema era clarísimo: más brillo, sí, pero también más estabilidad y más vida útil. Y aquí LG Display tiró de una jugada curiosa: en los materiales emisivos, cambiaron hidrógeno por deuterio (un isótopo más estable). Esto es una forma de hacer que el material aguante mejor la caña cuando aprietas brillo.
Según LG Display, este salto ayudó a lograr alrededor de un 30% más de brillo frente a generaciones previas, además de un color más natural y controlado. Y aquí entra la otra parte importante: algoritmos “personalizados” que aprenden patrones de uso y ajustan energía píxel a píxel (hablan incluso de hasta 33 millones de píxeles en 8K como referencia de control).
Y hay un extra que me encanta porque es de esos detalles que no salen en los carteles: esta estabilidad también permitió diseños más finos, con marcos más estrechos (aprox. un 30% menos de bisel en su relato). No te cambia la vida, pero suma: más pantalla “útil” y menos tele “tocha”.
3.ª generación OLED: MLA, Meta Booster y el “modo turbo” del brillo útil

Aquí es donde OLED empezó a ponerse serio con el brillo de verdad. En un OLED se genera luz, pero parte se pierde dentro del panel. ¿Solución? Micro Lens Array (MLA): una capa con miles de millones de micro lentes que ayuda a sacar más luz hacia fuera. LG llegó a hablar de 42,4 mil millones de micro lentes en un panel OLED 4K de 77 pulgadas. Una locura a nivel de fabricación.
En 2023 lo presentaron como un combo de MLA + algoritmo (META Booster) para subir brillo y mejorar ángulo de visión, y en su propia historia lo resumen como un salto de alrededor de +60% de brillo y +30% en ángulos frente a OLED “convencional”. Lo típico: hardware + software, porque si solo haces “más caña”, te cargas precisión o te disparas en consumo.
Y en 2024 rematan la jugada con MLA+ y el añadido de Detail Enhancer, que básicamente buscaba que en escenas oscuras no se te quedara todo “empastado” cuando subías brillo: detalle fino, textura y color consistente aunque el panel esté trabajando más fuerte.
4.ª generación OLED: Primary RGB Tandem y la guerra contra los reflejos (la que de verdad importa)

Y llegamos al “jefe final”. Porque sí, el brillo mola, pero en casas reales hay un enemigo que no perdona: la luz del salón. Ventana, lámpara, solazo… y ahí muchos OLED han sufrido históricamente. Pues bien: la 4.ª generación se apoya en dos patas gordas: Primary RGB Tandem (estructura emisiva apilando capas RGB de forma independiente) y tecnología de ultra-baja reflexión.
Lo del tándem RGB es importante porque no es “aprieto más el mismo panel”. Es rediseñar la estructura emisiva para ganar eficiencia y brillo sin pegarte un tiro en consumo o estabilidad. LG Display lo vende así: +33% de pico de brillo hasta 4.000 nits, y además mejora de eficiencia (mencionan alrededor de +20% frente a la generación anterior).
Y lo de los reflejos, para mí, es el cambio más “de vida real”. Ellos hablan de bloquear hasta el 99% de reflejos de luz ambiente con su enfoque de ultra-low reflection. Si esto se cumple como concepto (y no solo en una slide bonita), es lo que hace que un OLED deje de ser “tele de noche” y pase a ser tele para cualquier hora sin estar peleándote con la persiana.
CES 2026: Tandem WOLED y Primary RGB Tandem 2.0, el siguiente empujón
Y como si no tuvieran suficiente, en el CES 2026 LG Display enseñó lo que llama Tandem WOLED basado en Primary RGB Tandem 2.0, con estructura de píxel refinada y algoritmos más avanzados. Esto va justo en la dirección de lo que todos queremos: más brillo y menos reflejos, pero sin pagar el precio típico de “me lo cargo en consumo o en uniformidad”.
En prensa del sector se ha hablado de picos de 4.500 nits en paneles OLED de TV en 2026 y de tasas de reflexión bajísimas (se citan cifras como 0,3% en algunos enfoques de mínima reflexión). Lo cojo con pinzas —porque ya sabemos cómo va esto de los números—, pero la tendencia es clarísima: OLED está atacando sus dos puntos débiles históricos a la vez.
Mi lectura es simple, la evolución de 2.ª a 4.ª generación no va de “más nits para fardar”. Va de que OLED se está convirtiendo en una tecnología cada vez menos delicada, más apta para salones normales, y con un control de imagen que sigue siendo su superpoder. Y si encima la pelea contra reflejos se gana de verdad… ahí sí que OLED deja de tirar piedrecitas y se pone a pelear con el niño grande del patio.




