Hay años en los que el modelo nuevo es un “copiar y pegar” con dos ajustes y una pegatina nueva, y hay años en los que, sin cambiarte la vida, sí se nota que LG ha ido a mejorar justo lo que más se le pedía. Y por lo que se está contando de la LG OLED G6, a mí me huele a lo segundo. No porque venga con un diseño marciano o con una función de IA que te haga el café, sino porque se mete de lleno en dos guerras reales: el brillo HDR y el tema reflejos/luz ambiente.
Porque claro, la G5 ya era una tele bestia. De hecho ha sido nuestra favorita en AVPasión de este pasado año. Pero también es verdad que en OLED, por muy gama alta que sea, cuando entra luz a saco o tienes reflejos molestos, la experiencia puede cambiar. Y ahí es donde LG parece querer sacar músculo con la G6.
Y esto es importante: no te voy a hacer un “versus” de checklist como si estuviéramos comparando dos móviles. La idea es más simple y más útil: qué novedades trae la G6 respecto a la G5 y a quién le compensa pagar el extra. Porque si tu salón es una cueva perfecta, igual te da exactamente lo mismo. Pero si tu salón tiene ventanas, lámparas y gente moviéndose… ahí ya cambia la película.
Diseño y filosofía: mismo rollo “Gallery”, y sinceramente, mejor así

A nivel de presencia, la G6 sigue con lo que LG ya clavó en la G5: tele pensada para colgarla en pared y que quede pegadita, con ese look de “cuadro” que queda finísimo cuando lo haces bien. No es la típica tele que parece un mueble, es más el rollo “pizarra elegante” que se integra y punto. Y para el que compra una G, esto suele ser parte del pack.
Además, LG mantiene también la coherencia de tamaños. En la tabla que circula se habla de 48, 55, 65, 77, 83 y 97 pulgadas tanto en G6 como en G5. Vamos, que no es aquello de “el modelo nuevo se carga un tamaño” o “ahora sólo hay gigantes”. Aquí, si la G5 te encajaba por pulgadas, la G6 también.
Y en conexiones, lo mismo: cuatro HDMI 2.1 en ambos modelos. Esto en gama alta debería ser obligatorio, pero no siempre pasa, así que se agradece que LG no haga la típica jugada de “dos puertos top y los otros para decorar”. Aquí, en principio, los cuatro van a lo que tienen que ir, con soporte para 4K a alta tasa. Eso sí, ojo al detalle que luego comentamos, porque en el modelo más grande se habla de un límite a 120 Hz.
Brillo HDR y panel: aquí está el “músculo” real de la G6

LG dice que la G6 es un 20% más brillante que la G5. Y esto, si se cumple, no es una tontería. En una OLED, los picos de brillo en HDR son la salsa, porque es lo que hace que un reflejo metálico, un sol, un neón o una explosión tengan ese “punch” que te deja con cara de “uy”.
Ahora, para no vender humo, hay que entenderlo bien: ese salto suele aplicarse sobre todo a highlights en ventanas pequeñas, no a que toda la pantalla sea un foco industrial todo el rato. Es decir, no esperes que una escena completa a pantalla llena sea un 20% más luminosa, pero sí que los puntos brillantes destaquen más.
Y para ponerlo en números, que es como se entiende mejor: se comenta que en pruebas de laboratorio la G5 llegó a 2.296 nits en ventana del 10%. Si a eso le metes ese +20% te sale una cifra aproximada de unos 2.750 nits. Repito, aproximada. No es una promesa grabada en piedra, pero sí te da la idea de por dónde van los tiros.
La G6 usa un panel Primary RGB Tandem de segunda generación. Suena a nombre de villano de Transformers, pero la premisa es sencilla: mejor pureza de color y más eficiencia, manteniendo ese extra de brillo que una arquitectura tipo tandem puede dar. Dicho de otra manera, más color “limpio” sin tener que apretar la tele hasta que sude.
Esto, sobre el papel, es justo lo que quieres en una flagship. No es sólo subir nits por subir, es mejorar cómo llega esa luz y cómo se mantiene el color cuando el HDR aprieta.
Reflejos y negros en salón iluminado: la mejora que notas sin “mirar specs”

Toca hablar del punto que a mí me parece el más importante de todos, porque es lo que separa la tele “top en la cueva” de la tele “top en la vida real”. La G6 mete un polarizador nuevo “Reflection Free Premium”, con una cifra que, si es cierta, es un golpe encima de la mesa: LG y Intertek hablan de bajar los reflejos a menos del 0,5%.
Esto parece un numerito sin alma… hasta que lo comparas con lo típico. Y ahí lo entiendes del tirón: no es un ajuste fino, es literalmente recortar reflejo a lo bestia. Es pasar de “me veo la cara en escenas oscuras” a “vale, puedo ver una peli sin pelearme con la ventana”.
Y esto enlaza con otra idea clave, que mucha gente olvida con OLED. Sí, OLED tiene negro perfecto en condiciones ideales, pero cuando tienes luz ambiente fuerte, la propia luz del salón se come parte de ese negro, porque el panel refleja y la sala manda. Por eso meten un dato que a mí me encanta, porque es muy de “uso real”: a 500 lux (luz de lectura, un salón normal bien iluminado), la G6 mantendría los negros por debajo de 0,24 nits.
¿Y eso qué quiere decir? Que en un salón con luz, el negro se mantiene más profundo y la imagen no se lava tanto. Y si eres de los que ven series por la tarde, o tienes el típico ventanal que no perdona, esta mejora se nota más que subir 200 nits en un highlight.
Procesador Alpha 11 Gen 3: el upgrade silencioso que te arregla lo que ves cada día

Otra mejora que no se ve en una foto, pero que luego agradeces, es el procesador. La G6 sube al Alpha 11 Gen 3, mientras que la G5 llevaba el Alpha 11 Gen 2. Y mi opinión es súper fácil: mejor procesado siempre viene bien, porque no vivimos a base de demos perfectas.
La realidad es que muchas horas vas a ver streaming comprimido, series que no son 4K “de verdad”, TDT, deportes, vídeos random y contenido antiguo. Y ahí lo que marca la diferencia no es sólo el panel, es cómo la tele limpia, escala y reconstruye detalle sin convertirlo todo en una acuarela.
LG suele hacerlo bien en su gama alta, así que si encima le mete más músculo, lo lógico es que el sub-4K se vea más fino. No es magia, no esperes que un 1080p malo se convierta en 4K nativo, pero sí puedes ganar esa sensación de “imagen más asentada”, con menos ruido y bordes menos chungos.
Y por si estabas pensando “a ver si trae Dolby Vision 2”, en lo que se ha comentado no hay buenas noticias ahí: LG no planea Dolby Vision 2 en 2026. Dolby Vision, HDR10, HLG, todo eso sí, pero lo otro, de momento, nada.
Gaming y conectividad: prácticamente igual, con un matiz importante en el modelo grande
En gaming, te lo resumo sin vueltas: la G6 no viene a humillar a la G5. Y me parece bien. La G5 ya venía muy fuerte, y aquí se mantiene la base con VRR, HDMI 2.1 y 4K a altas tasas. Para consola y PC, sigue siendo un pepino.
Eso sí, hay un detalle que conviene soltar, porque luego vienen los lloros: se comenta que, aunque la idea general es 4K a 165 Hz, en el modelo más grande habría una limitación y se quedaría en 120 Hz. Para la mayoría, 120 Hz ya es una barbaridad, pero si eres el típico que se compra el monstruo grande y además quiere PC gaming a lo loco, que no te pille por sorpresa.
Vamos, que si tu objetivo número uno es jugar y ya tienes una G5 a buen precio, no estás perdiendo nada esencial. El salto de la G6 va por otro lado.
Entonces, ¿merece pagar más por la LG OLED G6?
Mi conclusión es muy de sentido común. La G6 tiene mejoras reales, pero no son para todo el mundo.
Te compensa más la G6 si:
- tienes un salón luminoso o con reflejos y quieres una OLED que no sea un espejo,
- ves mucho HDR y te apetece más impacto en highlights,
- y te importa tener el procesado más nuevo para que el contenido “normal” se vea lo mejor posible.
En cambio, si tú eres de persianas bajadas, luz tenue y cine nocturno, la G5 ya te da una calidad de imagen que sigue siendo obscena. Y ahí, mi lado consumidor te diría: como pilles una G5 rebajada, puedes estar haciendo la compra inteligente, porque la diferencia en tu escenario puede ser más “fina” que “wow”.
Sobre fechas, no hay día oficial cerrado, pero LG suele mover lanzamientos de nuevas gamas entre marzo y abril. Así que si necesitas tele ya, la G5 es la opción inmediata. Si puedes esperar y tu salón es “complicado” con luz, la G6 apunta a ser esa OLED que por fin te deja vivir sin pelearte con reflejos.




