Llevamos años flipando con los OLED por una razón muy simple: negros perfectos, contraste brutal y una imagen que parece “de gama alta” en cuanto la enciendes. Y sí, ya hemos visto OLED flexibles en móviles plegables, pantallas curvas y mil inventos más. Pero había una frontera que no terminaba de cruzarse: lo de hacer un OLED que, además de doblarse, se pueda estirar de verdad sin que el brillo se vaya al suelo a la mínima.
Porque una cosa es doblar o enrollar, y otra que no tiene nada que ver es estirar como si fuera una goma. Ahí es donde históricamente muchos prototipos se quedaban a medias, funcionaban… hasta que los castigabas un poco. Y claro, si la pantalla pierde luminosidad con cada estirón o se degrada rápido, para un wearable real o un sensor “sobre la piel” no sirve.
Pues un equipo de investigadores de Seoul National University y Drexel University ha presentado un diseño de OLED estirable que por fin apunta a uso real. La idea es simple de decir, pero difícil de conseguir: que el panel se estire mucho y siga brillando. Y según sus pruebas, lo han logrado estirando el OLED hasta 1,6 veces su longitud original manteniendo gran parte de su rendimiento. Eso, en este mundillo, es un salto gordo.
A partir de aquí, ¿qué han hecho para que un OLED se estire sin apagarse?

Un OLED emite luz cuando metes electricidad, se mueven cargas positivas y negativas, se encuentran en una capa orgánica y ahí se genera la luz. El problema es que cuando estiras el panel, las capas conductoras transparentes (los “cables” invisibles, por decirlo rápido) sufren muchísimo: se microagrietan, pierden continuidad y entonces la electricidad ya no llega bien, así que la pantalla baja brillo o falla.
Ellos atacan el problema por dos frentes, y eso es lo que hace que tenga buena pinta. Por un lado, han mejorado la capa que emite luz para que sea mucho más eficiente. Y por otro, han cambiado la parte del electrodo transparente por algo mucho más resistente al “castigo” mecánico.
Primero, usan una capa emisora llamada ExciPh (exciplex-assisted phosphorescent). Una capa orgánica que facilita que las cargas se encuentren y conviertan energía en luz con mucha más eficiencia. Y aquí viene el dato estrella: dicen que más del 57% de los excitones (el “paso intermedio” antes de emitir luz) acaban convirtiéndose en luz. En capas poliméricas típicas, lo normal es moverse en un rango bastante más bajo, entre el 12% y el 22%.
Y además, para que esa capa aguante el estiramiento, la integran con un material elástico tipo matriz de poliuretano termoplástico (TPU), que está pensado justo para deformarse sin romperse. Esto es importante porque no sirve de nada tener una capa súper eficiente si luego es rígida.

Segundo punto, y aquí está el “truco” que más me gusta: los electrodos transparentes. En vez de usar materiales que se vuelven frágiles con el tiempo, tiran de MXene (un nanomaterial bidimensional muy conductor) y lo combinan con nanohilos de plata para formar una red conductora que aguante mejor el estiramiento. La idea es que, aunque el panel se deforme, la red siga conduciendo bien, y así la carga llega a la capa emisora sin perderse por el camino.
¿Resultado? Que el OLED no solo se deja estirar, sino que lo aguantas, lo tensas y sigue funcionando bastante fino, sin venirse abajo ni perder rendimiento a lo loco.
Y aquí es donde los números dan credibilidad: cuando lo estiran a un nivel alto (hablan de un estiramiento fuerte dentro de sus pruebas), el rendimiento solo cae alrededor de un 10,6%. Y en durabilidad, que es lo que realmente separa una demo de un producto, dicen que tras 100 ciclos de estiramiento (con una deformación moderada del 2%) el panel conservó un 83% de su salida de luz. O sea, no es “una vez y ya”, sino repetido y aguanta.

Esto sirve para dar el salto a wearables de nueva generación y pantallas que puedan colocarse directamente sobre la piel. La idea es algo tan sencillo como potente: un parche tipo tirita que muestre en tiempo real datos como la temperatura, la presión o los cambios en el flujo sanguíneo, sin ser rígido ni estropearse con el movimiento normal del cuerpo. En el fondo, es electrónica que se adapta a ti, a cómo te mueves y a cómo vives, y no al revés.
Ahora toca lo de siempre: hacerlo más fácil de fabricar, poder producirlo en serio a gran escala y ajustar bien colores y brillo para que valga para pantallas completas, no solo para demos. Pero el avance está ahí y se entiende a la primera: por fin hablamos de un OLED que se estira “de verdad” sin venirse abajo, y eso puede ser la puerta de entrada a una nueva hornada de pantallas que, hasta ahora, solo veíamos en prototipos de laboratorio.




