Ha pasado un mes y el CES 2026 volvió a mencionar el espacio de color REC 2020. En sí, me alegré mucho, porque me parece una carrera que enriquece la experiencia visual, bastante más que la guerra perdida de los nits que ningún creador de contenido usa con provecho.
Se confirmó una tendencia ya habitual en las grandes ferias tecnológicas: el uso intensivo e impreciso de cifras llamativas para describir avances tan reales como limitados, en tecnologías de visualización. Una de las más repetidas este año ha sido la supuesta cobertura de más del 100% del espacio de color REC 2020 en los televisores de consumo. Una afirmación que, desde el punto de vista de la ciencia del color, es realmente complicada.
Más allá de la polémica puntual, la discusión pone de relieve un problema estructural: la distancia entre lo que permiten las tecnologías actuales y cómo se comunica ese rendimiento al mercado y sus consumidores, o sea, nosotros.
Qué es el REC 2020 y por qué importa
El estándar ITU-R BT.2020, también conocido como Rec 2020, define un espacio de color extremadamente amplio, concebido originalmente para sistemas de televisión de ultra alta definición (UHD). Su triángulo de cromaticidad supera con holgura al veterano BT.709 y también al ampliamente utilizado DCI-P3 del cine digital.
Sin embargo, conviene recordar un matiz clave en este debate: REC 2020 fue diseñado como un espacio de codificación y almacenamiento de color, no como un objetivo inmediato de reproducción física en pantallas de consumo. Es decir, permite describir y transportar información cromática muy amplia, aunque los dispositivos finales no sean capaces de reproducirla íntegramente. Se diseñó especialmente para no perder la paleta cromática existente entre formatos (contenedores), códecs, exportaciones y transformaciones.
Esta distinción, fundamental en la producción audiovisual, suele desaparecer en la comunicación comercial. No es nada grave solo hay que estar atentos.

Por qué el 100% de REC 2020 no es alcanzable hoy
La razón es esencialmente física y compleja de explicar. Voy a intentar simplificar algo la cuestión a fuerza de perder algo de rigurosidad (como hace el marketing al que tanto discuto). Los primarios definidos por REC 2020 son monocromáticos y extremadamente precisos en su longitud de onda:
- Rojo: 630 nm
- Verde: 532 nm
- Azul: 467 nm
Para alcanzar una cobertura real del más del 100% como por ejemplo anunció HiSense, un sistema de visualización debe emitir luz exactamente en esas longitudes de onda. Cualquier desviación, incluso de un solo nanómetro, implica perder cobertura.
En base a este requisito, casi ninguna tecnología de display de consumo actualmente fabricable puede lograrlo
- LCD, independientemente de si emplea fósforos, puntos cuánticos, MiniLED RGB o incluso retroiluminación láser.
- OLED, ya sea WOLED o QD-OLED
- MicroLED de visión directa, incluso con múltiples primarios.
Los únicos sistemas capaces de mostrar estrictamente el espacio BT.2020 son los proyectores láser RGB profesionales, utilizados en entornos cinematográficos o de postproducción, donde el coste, el consumo y la complejidad no son factores limitantes. Sus fuentes emisoras son puramente monocromáticas, ese es el componente claro.
¿Cuál es el candidato con más probabilidad para competir con un proyector láser RGB? Las nuevas pantallas RGB OLED, que algunas marcas han empezado a fabricar o incluso lanzar comercialmente este año 2026. Todo lo demás, como decíamos más arriba, cuya fuente sea luz blanca, azul o RGB más amarillo o gris marengo o lo que sea, por definición no puede emitir puro espectro cromático.
¿Qué están midiendo realmente las marcas?
Aquí es donde seguramente merece la pena aclarar e insistir más al endemoniado marketing. Muchas de las cifras del tipo: ‘este televisor cubre el 120% REC 2020’ que se citan en presentaciones y notas de prensa no se refieren a cobertura real, sino al área del triángulo de cromaticidad.
En términos más simples: algunos televisores generan un triángulo de color con una superficie equivalente a la del REC 2020, pero con distinta forma (pongamos un triángulo girado algunos grados) y sin superposición total. Desde un punto de vista matemático, el área puede coincidir; desde un punto de vista colorimétrico, la cobertura no.

Para hablar de 100% de cobertura no basta con igualar el área:
- El espacio debe tener la misma forma triangular.
- Debe superponerse completamente al REC 2020 de referencia.
- Al añadir luz, el volumen de color proyectado debe permanecer constante: la cromaticidad no es un dibujo 2D, es un volumen 3D.
Estos tres matices rara vez se explican al consumidor ni con letra pequeña.
El papel de las tolerancias y las métricas
Otro punto interesante es el uso de tolerancias de medición. En algunos casos, se aplican márgenes alrededor de los primarios (por ejemplo, elipses de ΔE, vamos, errores delta) que permiten declarar una cobertura “completa” aunque los picos espectrales no coincidan exactamente con los valores normativos. Una cosa es un error delta de 3 y otra es una cobertura del REC 2020 con errores delta de 9, por ejemplo.
Esto no implica necesariamente mala fe, pero sí introduce una ambigüedad técnica: dos mediciones distintas pueden arrojar resultados muy diferentes para el mismo panel, dependiendo del método empleado. Esta es la base de mi batalla contra el marketing desde AVPasión: aquí sí presentamos una explicación razonable de por qué algunas cifras comerciales parecen contradecir las limitaciones físicas conocidas.

No todo son medias verdades: más del 90% sí que es un logro confirmado.
Conviene poner el debate en perspectiva. Que el 100% de BT.2020 a dia de hoy sea inalcanzable por los televisores no significa que no haya avances sustanciales. Todo lo contrario. En el CES 2026 se han mostrado paneles que se sitúan por encima del 90%, e incluso en el entorno del 91–92% una vez calibrados.
Desde un punto de vista técnico, esto es un salto notable. Desde uno perceptual, también: una cobertura cercana al BT.2020 aporta mejoras visibles en saturación, gradación de color y reproducción de tonos complejos, incluso aunque no se alcance el ideal teórico. Aquí es donde el discurso comercial podría ser más honesto… y, paradójicamente, más convincente.

El mito del “más del 100%” al metamerismo
Algunas notas de prensa van todavía más lejos y hablan de coberturas superiores al 100%. Técnicamente, dudo de que sea posible.
Dado que los primarios de BT.2020 son monocromáticos, no existe un »más allá” físico del locus espectral real. No se puede atravesar y ampliar el rango de color visible por el ser humano para crear colores más puros sin entrar en el terreno de los colores imaginarios, que no corresponden a emisiones reales de luz visible por nuestros ojos.
En cuanto un sistema se desvía del pico exacto de longitud de onda, pierde cobertura, no la gana.

Y lo que es más interesante aún: el metamerismo. Sé que es una palabra que, de entrada, asusta. Pero se usa bastante en las salas de color en las series y películas que consumimos. Los coloristas lo saben muy bien o perfiles con experiencia en visión y colorimetría.
¿Qué implica el metamerismo? pues que diferentes espectadores pueden percibir el mismo estímulo cromático de manera distinta, especialmente cuando se utilizan primarios muy estrechos espectralmente. En otras palabras: una mejora numérica no siempre se traduce en una mejora visual clara para todos los espectadores.
Por eso, incluso si fuera posible acercarse aún más a los primarios BT.2020, esto no garantizaría una mejora perceptual uniforme. Este argumento refuerza una idea clave: en imagen, las métricas son importantes, pero no lo son todo.
Conclusión: hay que convivir con el marketing y precisarlo
El debate sobre REC 2020 en el CES 2026 no revela un estancamiento tecnológico, sino una brecha entre precisión y marketing. Siempre ha existido y seguirá existiendo. Las pantallas actuales nunca han estado tan cerca del estándar, y sin embargo, la forma de comunicarlo genera confusión innecesaria.
Aceptar que el 100% de REC 2020 sigue siendo un horizonte y no una realidad comercial, permitiría centrar el discurso en lo que realmente importa: progreso medible, beneficios visibles y una experiencia de imagen cada vez más fiel. Para una industria madura, la precisión técnica no debería verse como una limitación, sino como un valor añadido al menos para el consumidor especializado.




