Lo de las teles “de antes” es un tema que siempre acaba saliendo en cualquier cena, en cualquier grupo de WhatsApp o en el típico comentario de barra: “es que antes las cosas duraban”. Y sí, muchas veces es nostalgia pura… pero otras veces te sueltan una historia que te deja con la boca abierta.
Porque una cosa es que tengas un mando de hace mil años que sigue vivo (con la tapa pegada con celo, por supuesto), y otra muy distinta es que una tele de tubo, de las gordas, de las que calentaban el salón como si fueran un radiador, te aguante casi cuatro décadas funcionando a diario.
Y justo de eso va esta historia: una familia de Guatemala entregó su televisor Samsung CRT de 1987 en un programa de canje/reciclaje… y lo que pasó después es tan “película” que cuesta no contarlo.
Samsung se encuentra con un “tanque” de 1987

La familia (los Morales) tenía una tele de tubo comprada en 1987. Y no era “la tele del cuarto de invitados”, no. Según cuentan, era la tele de batalla, la que se tragaba informativos por la mañana y pelis por la noche. El rollo “workhorse”, de currante de verdad: encender, funcionar y punto.
De hecho, la frase que se queda pegada es brutal: “vimos caer el Muro de Berlín en esta tele”. Ya solo por eso, esa pantalla deja de ser un cacharro y se convierte en un álbum de recuerdos con electricidad. Es el típico aparato que, sin querer, acaba siendo “el centro del salón” durante años.
Total, que con el tiempo empezó a dar señales de cansancio (normal, después de 39 años) y decidieron pasar a una LCD moderna. Y aquí viene lo bueno: al entregar el televisor, en la tienda vieron que aquello no era un “trasto viejo” cualquiera… tenía pinta de pieza de museo.
Del “cámbiala por una nueva” a “esto hay que restaurarlo”

La tele acabó en manos de equipos técnicos de Samsung en la región, y por lo visto al principio fue un poco ¿pero cómo demonios arreglamos esto? Porque claro, un CRT de los 80 no se repara como una tele actual: no es “cambio placa y listo”, ni “actualizo firmware y arreando”. Es otra liga, otra época, otro manual.
Y me hace gracia (y a la vez me parece precioso) el detalle humano: muchos de los ingenieros ni habían nacido cuando ese modelo salió al mercado. Aun así, tiraron de investigación, de paciencia y de oficio… y consiguieron restaurarla para que volviera a dar una imagen razonablemente clara, como en sus buenos tiempos.
Al final, el televisor pasó de ser “material para reciclar” a convertirse en una pieza de exposición. Primero se movió por oficinas de la marca en Panama City, y luego incluso se menciona que acabó en instalaciones globales en Suwon. Vamos, que ese tubo se pegó un viaje que ya lo quisieran muchos.
Por qué estas teles duraban… y por qué ahora casi nadie se enamora de una pantalla

Aquí es donde yo me pongo un poco pesado, pero con razón: un CRT era analógico, simple y reparable dentro de lo que cabe. No es que fuera indestructible por magia, es que tenía menos “capas” de cosas que pueden romperse: sin sistemas Smart TV complejos, sin mil servicios, sin tanta electrónica delicada dedicada a conectividad y software.
En cambio, una tele moderna (LCD u OLED) es un pepino, sí, pero también es un ecosistema: retroiluminación, procesado, apps, actualizaciones, formatos HDR que van cambiando, soporte que caduca… y ahí es donde a veces el usuario se queda con cara de póker. Porque igual la pantalla está bien, pero te quedas sin soporte, sin apps actualizadas o con funciones que se vuelven raras con el tiempo.
Y por eso pasa algo que a mí me parece muy real: antes cogías cariño a tu tele. Era “la tele de la familia”. Ahora cambiamos más rápido, no nos da tiempo ni a ponerle apodo. Aunque ojo, que la nostalgia está volviendo por la puerta de atrás: hay gente buscando CRT por coleccionismo y, sobre todo, por retro gaming, porque ciertos juegos “de antes” se ven como fueron pensados en un tubo.
De hecho, como te dé por mirar en eBay, verás que ya no siempre es “lo compro por cuatro duros”. Algunos modelos se están poniendo tontísimos de precio. Y normal: lo que para uno es “un trasto”, para otro es un pedazo de historia con pantalla.




