El YouTuber The Hook Up se ha metido en un jardín (carísimo) que casi nadie pisa: comprar e instalar una pantalla MicroLED modular de 157 pulgadas en una casa, vivir con ella y contarlo con números. Y esto, tal y como está el patio, vale oro. Porque en el CES vemos MicroLED hasta en la sopa, pero “vida real” con una pared de LEDs en un salón normal… eso ya es otra liga.
La pantalla en cuestión es una AWALL “microLEDD” de AWOL (formato panorámico, paso de píxel de 0,9 mm) y el planteamiento es justo el que a mí me interesa: qué ganas de verdad frente a un LCD tope de gama, un OLED gigante o un proyector serio, y qué peaje pagas en dinero, instalación y “frikismo” del bueno.
Y ya te adelanto una cosa: cuando esto funciona, te deja con la boca abierta. Pero también confirma algo que muchos intuíamos: MicroLED en casa todavía no es “me compro una tele y listo”. Es más bien “me monto un sistema”. Con sus cosas buenas… y sus cosas de pegarse con la pared.
MicroLED gigantesco: por qué esta tecnología existe (y por qué impresiona tanto)

Lo primero es entender la gracia: MicroLED (o “microLEDD” como lo llama esta marca) es autoemisivo, o sea, cada píxel emite su propia luz, como OLED, pero con LEDs inorgánicos. Resultado: negros que se apagan de verdad, contraste brutal y sin blooming típico de los LCD, por muy “MiniLED con miles de zonas” que sea.
Y luego está el tamaño. Y es que no hablamos de “tele grande”, hablamos de pared grande. The Hook Up lo deja clarísimo comparando escalones: 65 pulgadas (lo normal), 85 pulgadas (lo que antes era “bestia”), 97 pulgadas OLED (que ya es un dineral), 116 pulgadas LCD (tipo Hisense 116UX)… y entonces aparece esta locura modular que, en contenido 16:9, se comporta como unas 135 pulgadas y en cine 2.39:1 como unas 162 pulgadas equivalentes.
Pero ojo con el “detalle friki” importante: en MicroLED modular, la resolución depende del paso de píxel y del tamaño. No es como “da igual 55 o 116, todo es 4K”. Aquí el paso de 0,9 mm manda. Aun así, él insiste en que a unos 3 metros (9-10 pies) el tema del píxel deja de ser un problema real, incluso siendo tiquismiquis con la nitidez.
La parte que no te cuenta el CES: instalación, módulos y el mundo “industrial”

Aquí viene lo bueno… y lo duro. Todo esto es modular: “cabinets” (módulos) que se ensamblan y encima van paneles magnéticos con los LEDs. Ventaja: lo puedes transportar por piezas, reparar por piezas y, si se estropea un panel, lo cambias en minutos sin tener que tirar una tele entera. Eso, para ferias y escenarios, es perfecto. En casa, también tiene sentido… pero te lo tienes que currar.
Porque el gran enemigo del MicroLED residencial no es la imagen: es la logística y el ajuste físico. Alinear, nivelar, que no se noten juntas, que todo quede fino… puedes tirarte días si eres perfeccionista. Y sí, desde el sofá “normal” no ves seams, pero el trabajo previo existe. No es “la saco de la caja y a correr”.
Y lo más importante: aunque te lo vendan para casa, sigue oliendo a producto comercial. The Hook Up habla de preparación seria: varias tomas de corriente dedicadas, un festival de cables de red hacia el controlador… y montaje con estructura detrás. Esto no es “me llega de Amazon y lo cuelgo con dos tornillos”. Es más bien “me hago obra”, aunque sea una obra organizada.
No es una “tele”: es una pantalla y un cerebro externo (y ahí está el truco)
Otro punto clave que me parece de los que más “rompen expectativas”: esto no trae la vida resuelta como una TV. Nada de sistema Smart, nada de apps, nada de altavoces, nada de “mando y listo”. La gracia (y el marrón) está en el procesador/controlador, que en su caso es de NovaStar.
Y aquí es donde él hace magia práctica: mete un HDFury (modelo Vrroom) para habilitar formatos y comportamientos “de tele premium” (y sí, esto suma pasta). Luego monta automatizaciones con Home Assistant para llamar presets, cambiar layouts, etc. Y esto tiene una lectura doble:
- Por un lado, añades complejidad y más cacharros.
- Por otro, el controlador permite virguerías que una tele normal no hace: multiview real con varios inputs a la vez, layouts guardados, presets por actividad…
Vamos, que si eres de los que disfruta montando un “batcueva” domótica, esto te va a sonar a gloria. Si quieres algo plug and play, te vas a acordar de la familia del MicroLED.
Los números: brillo real, contraste, color… y dos bofetadas (consumo y gaming)

En mediciones, lo que cuenta The Hook Up es bastante revelador. Brillo: en torno a 800-840 nits en sus patrones, con una idea muy interesante: al tener fuentes de alimentación por módulos, el brillo es más consistente y no depende tanto de “ventanitas pequeñas” como pasa en algunos LCD. La marca habla de cifras mucho más altas, pero para llegar ahí hay modos tipo “overdrive” que él no quiere usar por sentido común (y, sinceramente, lo entiendo). 800 nits en una pared así ya es un faro.
Contraste: al ser autoemisivo, negro casi cero y contraste “infinito” en la práctica, con una ventaja muy de día a día: reflejos bajísimos. Esto es de lo que más me flipa del concepto, porque el proyector puede ser cine puro… hasta que abres la persiana. Aquí, con luz ambiente, la MicroLED sigue “mandando” y no se viene abajo.
Color: reporta casi 99% DCI-P3 y cerca de 89% de BT.2020, con buena temperatura de color cercana a D65 y buen tracking sin volverse loco calibrando. Vamos: calidad de imagen de “esto no debería verse así en un salón con paredes blancas”.
Y ahora las dos bofetadas:
- Input lag: puede bajar a ~34 ms en ciertos modos, pero en su configuración real, con escalado y demás, se le puede ir bastante arriba y comenta que para gaming exigente no es la panacea (especialmente si te obliga a modos que meten más frames de retraso). Casual, vale; competitivo, yo no lo veo.
- Consumo: aquí se le cae un mito a cualquiera. Habla de 900 a 1.200 W a brillo alto, y lo más loco: incluso bajando brillo, el consumo no cae tanto como esperarías. Y menciona algo que, si es así, es demencial: consumo muy alto incluso con pantalla negra/standby. Esto, para mí, es el “pero” más feo del invento hoy.
Entonces… ¿MicroLED es “la tecnología definitiva”?
Mi lectura, con lo que enseña The Hook Up, es muy clara: sí, MicroLED puede ser lo más bestia que puedes poner en una casa si quieres una pantalla gigantesca y además la quieres usable con luz. Para cine en pantalla enorme, en un salón real, no tiene rival directo: OLED no llega a esos tamaños y el proyector no compite en luminosidad y punch en entornos iluminados.
Pero también te digo, no es una compra, es un proyecto. Precio de entrada tipo 50.000-55.000 dólares solo para la pantalla en este formato/paso de píxel, más controlador, más “extras”, más instalación, más domótica si quieres que sea cómodo… y encima con el asterisco del consumo y el lag si vas a jugar mucho.
Lo bueno es que este tipo de pruebas “de casa, con números y sin humo” son las que empujan el mercado de verdad. Y si algún día MicroLED baja a precios menos de “segunda hipoteca” y se simplifica el ecosistema, ahí sí que va a temblar el concepto de proyector premium. De momento, es el sueño húmedo del que quiere una pared-pantalla perfecta… y le da igual pelearse con cables, presets y vatios.
Vía: The Hook Up




