Si últimamente has estado mirando proyectores DLP, seguramente te habrás encontrado más de una vez con cifras como 0,47 pulgadas o 0,65 pulgadas dentro de la ficha técnica. Es uno de esos datos que están ahí, que parecen secundarios y que mucha gente pasa completamente por alto. Pero ojo, porque ese pequeño numerito hace referencia al tamaño del chip DMD, una de las piezas más importantes de todo el proyector.
Y es que en un proyector DLP, el DMD es básicamente el corazón del sistema de imagen. Está formado por millones de diminutos espejos que se mueven a una velocidad brutal para dirigir la luz hacia la óptica y formar la imagen que finalmente vemos en la pantalla. Por tanto, que ese chip sea de 0,47 o de 0,65 pulgadas no es simplemente una curiosidad técnica.
La diferencia principal es bastante sencilla de entender: un DMD de 0,65 pulgadas tiene una superficie física mayor que uno de 0,47 pulgadas. Eso permite utilizar microespejos más grandes y puede ayudar a conseguir más eficiencia lumínica, mejor contraste y una imagen más limpia. Y sí, dos proyectores pueden poner exactamente “4K DLP” en la caja y utilizar chips bastante diferentes por dentro.
Un chip más grande permite utilizar microespejos más grandes

En algunos de los DMD más habituales para proyectores 4K, el chip de 0,47 pulgadas utiliza microespejos de aproximadamente 5,4 micras, mientras que en determinadas soluciones de 0,65 pulgadas estos pueden subir hasta unas 7,6 micras. Puede parecer una diferencia ridícula viendo los números, pero estamos hablando de millones de espejos funcionando al mismo tiempo.
Al disponer de una superficie reflectante mayor, el sistema puede aprovechar mejor la luz que recibe. Esto resulta especialmente interesante en proyectores que buscan mucha luminosidad, aunque evidentemente el resultado final también depende del motor óptico, de la fuente de luz, de la lente y de cómo haya diseñado todo el conjunto el fabricante.
Por eso tampoco debemos caer en el error de pensar que cualquier proyector con DMD de 0,65 pulgadas va a ser automáticamente mejor que cualquier modelo de 0,47. Lo que sí tenemos es un punto de partida técnicamente más favorable en determinados aspectos de la imagen.
El contraste es uno de los puntos donde más puede notarse

Uno de los grandes problemas de muchos proyectores DLP económicos y de gama media está en el nivel de negro y el contraste nativo. Y precisamente es uno de los apartados donde el tamaño y diseño del DMD puede marcar diferencias.
Los chips de mayor tamaño pueden ofrecer una gestión de la luz más favorable y reducir parte de la luz residual que acaba llegando a la pantalla cuando debería estar mostrando negro. Dicho de otra forma, el negro puede verse menos gris y las escenas oscuras ganar bastante más profundidad.
Además, en determinados diseños también podemos encontrarnos con un borde gris alrededor de la imagen proyectada, provocado por la propia arquitectura del chip y la zona de microespejos que no forma parte de la imagen activa. Con algunos DMD de mayor tamaño este efecto puede quedar bastante más controlado.
Que ambos sean 4K no significa que tengan cuatro veces más espejos

Y aquí tenemos otro punto importante. Muchos proyectores DLP 4K no cuentan realmente con 8,3 millones de microespejos físicos independientes dentro del DMD. En su lugar utilizan una matriz de menor resolución combinada con una tecnología de desplazamiento de píxel extremadamente rápida.
Es lo que solemos conocer como pixel shifting o XPR. El chip mueve ópticamente la posición de los píxeles varias veces por cada fotograma hasta conseguir que nuestra vista reciba los 8,3 millones de píxeles necesarios para una imagen UHD 4K.
Por eso tanto un DMD de 0,47 como uno de 0,65 pulgadas pueden ofrecernos una imagen 4K. La diferencia no está necesariamente en que uno tenga más resolución que el otro, sino en el tamaño físico del chip, de sus microespejos y en cómo todo ese conjunto interactúa con la luz y la óptica del proyector.
El DMD es una especificación que merece bastante más atención

Cuando miramos un proyector solemos ir directos a los lúmenes, la resolución, el contraste anunciado o si tiene Dolby Vision, HDR10+ o alguna tecnología similar. Sin embargo, saber qué DMD monta nos puede dar bastante información sobre cómo está construido realmente el aparato.
Un DMD de 0,65 pulgadas puede facilitar una mayor eficiencia lumínica, mejores cifras de contraste nativo y una imagen más limpia que soluciones equivalentes basadas en chips más pequeños, aunque después todo depende de cómo lo aproveche el fabricante.
Así que cuando veas dos proyectores prácticamente idénticos sobre el papel, ambos DLP, ambos 4K y con cifras de brillo similares, fíjate en ese pequeño dato escondido entre las especificaciones. Ese 0,47 o 0,65 pulgadas puede explicar parte de las diferencias que después aparecen cuando apagamos las luces y empieza la película.




