Ahora que llega el verano todos los dispositivos electrónicos (incluidos los PC) empiezan a sufrir, algo que se ve muy agravado si vives en zonas donde se alcanzan altas temperaturas durante estos meses. Si esta es tu situación quizá deberías empezar a preocuparte.
Yo mismo sufro de eso, y cómo informático y usuario de PC gaming sé perfectamente lo importante que es tener todo esto en cuenta en los meses de verano.
Por ello, creo que es el mejor momento para enseñarte a monitorizar tu ordenador, con el objetivo de que tu ordenador no sufra las consecuencias de las altas temperaturas que viviremos durante este verano en muchas zonas.

¿Cómo monitorizar tu PC en verano?
A decir verdad existen muchas herramientas para monitorizar tu ordenador. Quizá la más generalista, pero también la más compleja, sea MSI Afterburner. Esta es la que se usan en la mayoría de benchmarks que te puedes encontrar en internet, precisamente por todo esto.
Aun así, personalmente creo que si cuentas con una tarjeta gráfica NVIDIA lo mejor es usar la herramienta que ofrece esta marca.
En cualquier caso, ambas herramientas son igual de válidas, y si bien la de NVIDIA es más entendible por usuarios sin conocimientos previos, en este caso nos vale cualquiera de las dos, y es que nos centraremos en ciertos detalles muy concretos.
Más allá de los FPS y de los tiempos de respuesta que son importantes, creo que en este caso lo más importante en tener en cuenta los porcentajes de usos y las temperaturas del procesador y de la tarjeta gráfica. En ambas herramientas puedes incluir otros muchos datos, como el uso de la memoria o incluso el uso de cada núcleo en el procesador, pero para esta situación es menos relevante.

¿Qué temperaturas son preocupantes?
Si ya llevas un tiempo jugando videojuegos en tu PC, y has monitorizado el mismo previamente, ya habrás visto que generalmente tanto la gráfica como el procesador alcanzan temperaturas muy altas incluso cuando el exterior cuenta con ambientes fríos.
Ahora bien, aunque esto ocurra no debes preocuparte, porque estos chips están preparados para trabajar en altas temperaturas, pero por supuesto todo tiene un límite.
Por poner un baremo fácil, en sesiones de juego largas, con cargas del 100%, la CPU no debería sobrepasar los 85 grados y la GPU los 80 grados. Esta cifra aumenta ligeramente cuando hablamos de ordenadores portátiles, donde el flujo de aire es mucho peor, y es común que alcancen estas temperaturas incluso en cargas mucho menores.
Más de esa temperatura empieza a ser preocupante, aunque el umbral dañino para los componentes sea mayor.

¿Qué hacer si sobrepasa esas temperaturas?
Yendo por partes, hay varias cosas que deberías hacer, pero la primera de ellas es hacer una limpieza de los componentes de tu PC. En el caso de la CPU además es recomendable quitar el ventilador y el disipador y cambiar la pasta térmica, la cual probablemente esté seca después de un tiempo, lo que hace que la transferencia de calor sea mucho peor.
Si esto no soluciona al problema, la solución más interesante sería cambiar la caja de tu ordenador. Es probable que las altas temperaturas se deban a un mal flujo del aire. Asimismo, también podrías apostar por una refrigeración líquida, que tiene un mantenimiento más complicado, pero genera temperaturas mucho mejores a la larga.
Si nada de esto funciona, te quedan pocas opciones. Simplemente te recomendaría evitar sesiones de gaming largas (especialmente con juegos muy potentes) y no jugar en las horas centrales del día, en las que las temperaturas son más altas.
Las altas temperaturas de forma prolongada dañan los componentes internos de nuestros PCs, y precisamente en verano debemos tener más cuidado con esto.




