Cerrar los ojos para escuchar mejor la música. Seguro que lo habéis hecho mil veces, especialmente cuando estáis disfrutando de vuestro equipo HiFi o de unos buenos auriculares. Y es que siempre hemos pensado que, al eliminar todo lo que vemos, nuestro cerebro se concentra mucho más en el sonido y somos capaces de apreciar detalles que normalmente se nos escapan.
Pues parece que no siempre es así. De hecho, un grupo de científicos acaba de demostrar que cerrar los ojos puede conseguir justo lo contrario: que escuchemos peor. Y no hablamos de una diferencia imaginaria, sino de algo que han podido medir en un laboratorio. Eso sí, ya os adelanto que tiene bastante que ver con el ruido que tenemos a nuestro alrededor.
La investigación llega desde la Universidad Jiao Tong de Shanghái y se ha publicado en la prestigiosa revista The Journal of the Acoustical Society of America. Los investigadores han querido comprobar algo tan sencillo como si escuchamos mejor con los ojos abiertos o cerrados. Y ojo, porque los resultados son bastante más interesantes de lo que parece.
Un experimento con 25 personas y un ruido de fondo de 70 decibelios

Para comprobarlo, los científicos reunieron a 25 participantes y les colocaron unos auriculares. A través de ellos reprodujeron cinco sonidos diferentes: un tambor, el canto de una alondra, un tren, un teclado y el ruido de un remo golpeando el agua. Vamos, sonidos bastante fáciles de reconocer en condiciones normales.
Pero claro, hacerlo así hubiera sido demasiado sencillo. Por eso añadieron un ruido rosa de fondo de 70 dB(A), una intensidad considerable que dificultaba escuchar los otros sonidos. Los participantes tenían que ajustar el volumen hasta encontrar el punto en el que apenas conseguían distinguirlos del ruido.
Y aquí viene la gracia. Repitieron la prueba en cuatro situaciones diferentes: con los ojos cerrados, mirando una pantalla en blanco, viendo una fotografía relacionada con el sonido y, por último, viendo un vídeo que coincidía con lo que estaban escuchando. De esta manera podían comprobar si las imágenes realmente ayudaban al oído o si cerrar los ojos era la mejor opción.
Con los ojos cerrados necesitaban más volumen para escuchar los sonidos

Pues bien, los resultados fueron bastante claros. Cuando los participantes cerraban los ojos, necesitaban 1,32 dB más de volumen de media para detectar los sonidos respecto a cuando miraban una pantalla en blanco. Es decir, que cerrar los ojos, lejos de ayudarles, les dificultaba escuchar.
Y todavía hay más. Cuando miraban una fotografía relacionada con el sonido, podían detectarlo con 1,60 dB menos de nivel que mirando la pantalla en blanco. Pero cuando les ponían un vídeo que coincidía con lo que estaban escuchando, la mejora llegaba hasta los 2,98 dB. Una diferencia bastante curiosa teniendo en cuenta que el sonido de fondo seguía siendo el mismo.
Eso sí, no confundamos las cosas. Aquí no estamos hablando de que unos altavoces suenen mejor o tengan más detalle. Lo que se estaba midiendo era la capacidad de nuestro oído para detectar sonidos débiles cuando hay bastante ruido alrededor. Y para entender por qué sucedía esto, los investigadores decidieron ir un poco más allá.
Nuestro cerebro tiene mucho que ver, pero ¿qué pasa cuando escuchamos música?

Para ello realizaron otra parte del experimento con 27 participantes, utilizando electroencefalogramas para analizar la actividad cerebral. Y encontraron que, al cerrar los ojos, un indicador relacionado con la dinámica neuronal se reducía entre un 22,3% y un 45,2%, dependiendo del sonido utilizado.
Según explican los investigadores en el comunicado oficial de la Acoustical Society of America, al cerrar los ojos nuestro cerebro puede filtrar el ruido de manera más agresiva. El problema es que también puede acabar filtrando parte de los sonidos que queremos escuchar. En cambio, ver una imagen relacionada ayuda al cerebro a identificar lo que está oyendo.
¿Y qué pasa con nuestros equipos HiFi? Pues tranquilos, porque el estudio no demuestra que escuchar música con los ojos cerrados sea peor. Todas las pruebas se realizaron con bastante ruido de fondo y los propios científicos creen que, en una habitación silenciosa, cerrar los ojos podría seguir siendo beneficioso. Eso todavía no lo han comprobado directamente.
De hecho, ahora quieren investigar qué ocurre cuando las imágenes no coinciden con el sonido. Por ejemplo, escuchar un tambor mientras vemos un pájaro. Así podrán saber si basta con tener los ojos abiertos o si realmente necesitamos que lo que vemos y escuchamos esté relacionado. De momento, lo que sí sabemos es que, cuando hay mucho ruido, cerrar los ojos no siempre es la mejor idea para escuchar mejor.




