Durante años nos han vendido que el futuro iba a ser completamente digital. Y lo cierto es que tenía todo el sentido del mundo: compras una película o un juego desde el sofá, lo tienes disponible en segundos y te olvidas de llenar estanterías de cajas y discos. Cómodo es, desde luego. El problema es que comprar algo digital no siempre significa que vaya a ser tuyo para siempre.
Y tenemos un ejemplo bastante bueno delante de nosotros. Un usuario compró en 2022 en Google Play las ediciones extendidas de la trilogía de El Señor de los Anillos y, cuatro años después, cuando quiso volver a verlas, simplemente habían desaparecido de su biblioteca. No estaban ocultas, ni había cambiado de cuenta ni nada parecido: ya no tenía acceso a unas películas por las que había pagado.
El caso por sí solo ya es curioso, pero llega además en un momento bastante delicado para el formato físico. Sony confirmó hace unas semanas que PlayStation dejará de fabricar juegos nuevos en disco a partir de enero de 2028. Es decir, mientras cada vez tenemos menos opciones para comprar una copia física, casos como este nos recuerdan que una compra digital sigue dependiendo, en mayor o menor medida, de la plataforma que nos la vende.
Google deja bastante claro qué estamos comprando realmente

Aquí está la clave de todo. Cuando pulsamos el botón de “Comprar” en Google Play parece que estamos haciendo exactamente lo mismo que cuando compramos un Blu-ray, pero legalmente no funciona así. Lo que obtenemos es una licencia para acceder, almacenar y reproducir ese contenido dentro de las condiciones del servicio.
Y Google lo explica bastante claro en sus propias condiciones. El contenido comprado seguirá estando disponible mientras la compañía tenga derecho a ofrecérnoslo. Si pierde esos derechos, desaparece el contenido, existen problemas legales o se producen determinados cambios en el servicio, Google puede dejar de proporcionarnos acceso incluso aunque ya hubiéramos pagado por él.
Eso es precisamente lo que parece haber ocurrido con este usuario de El Señor de los Anillos. Tras contactar con soporte, Google le indicó que aquellas versiones ya no estaban disponibles en su catálogo. Y como la compra se había realizado cuatro años atrás, tampoco consiguió recuperar el dinero, al encontrarse muy fuera del periodo establecido para solicitar un reembolso.
Y justo ahora PlayStation prepara el adiós definitivo al disco

Y aquí es donde las dos historias encajan demasiado bien. Sony anunció oficialmente el pasado 1 de julio que a partir de enero de 2028 dejará de producir copias físicas de los juegos nuevos que lleguen a PlayStation. Los títulos que ya hayan salido en disco podrán seguir utilizándose con normalidad, pero los futuros lanzamientos serán digitales.
Es un cambio enorme. Hasta ahora podíamos elegir: comprar un juego en PlayStation Store o hacernos con una copia física, prestarla, venderla o simplemente guardarla durante veinte años en una estantería. Con los nuevos títulos esa segunda opción desaparecerá.
Y ojo, porque los propios términos de PlayStation funcionan de una forma similar. Sony explica que cuando adquirimos software obtenemos una licencia para utilizarlo, no la propiedad del software en sí. La diferencia práctica está bastante clara: si tienes el disco físicamente en casa, la copia sigue ahí aunque mañana cambie el catálogo de una tienda digital.
El Blu-ray 4K sigue teniendo una ventaja que no aparece en ninguna ficha técnica

Con las películas ocurre exactamente lo mismo. Podemos discutir si es más cómodo abrir una app que levantarnos a poner un disco, pero hay algo que no admite demasiada discusión: un Blu-ray UHD que tienes en casa no puede desaparecer de tu biblioteca porque cambie un acuerdo de distribución.
Además, para los que disfrutamos del cine con un buen televisor y un equipo de sonido decente, el formato físico sigue teniendo otra ventaja importante. Los UHD Blu-ray pueden incluir pistas Dolby TrueHD y DTS-HD Master Audio sin pérdidas, además de bitrates de vídeo muy superiores a los que solemos encontrar en streaming.
Y eso hace que este caso de Google llegue en un momento bastante curioso. La industria sigue empujándonos hacia un futuro donde todo estará en la nube y cada vez habrá menos discos, pero precisamente ahora tenemos otro ejemplo de algo que ya hemos visto más veces: cuando compras digital, dependes de que la plataforma siga ofreciéndote aquello que compraste.
Con el formato físico la historia es mucho más sencilla. Puedes perder el disco, romperlo o incluso prestárselo a alguien y no volver a verlo nunca. Pero mientras siga en tu estantería, nadie puede entrar en tu cuenta y hacerlo desaparecer.




