Seguro que alguna vez habéis visto alguna comparativa de auriculares o altavoces en YouTube y os habéis encontrado con el típico comentario de que no sirve para nada. ¿El motivo? Pues que YouTube comprime tanto el sonido que, supuestamente, es imposible apreciar las diferencias entre un equipo y otro. Algo que llevamos escuchando desde hace años y que muchos aficionados al HiFi dan prácticamente por hecho.
Y es que es verdad que YouTube comprime el audio, eso no lo vamos a discutir. Pero claro, ¿hasta qué punto afecta realmente a lo que escuchamos? Porque una cosa es perder información durante la compresión y otra muy distinta es que el sonido quede tan alterado que no podamos distinguir ni siquiera pequeños cambios.
Pues bien, un ingeniero de mastering del canal AP Mastering ha querido salir de dudas y ha realizado una prueba bastante curiosa. Y ojo, porque los resultados, de los que también se han hecho eco en Headphonesty, dejan bastante tocada esa teoría de que YouTube destroza por completo la calidad del audio.
Una prueba a ciegas demuestra que YouTube conserva diferencias de apenas 1,5 dB

Para comprobarlo, el ingeniero preparó dos grabaciones, una de un ukelele y otra de una batería. Hasta aquí todo normal. Lo interesante es que después creó versiones modificadas de ambas, aplicando un pequeño ajuste de ecualización de tan solo 1,5 dB. En concreto, tocó los 400 Hz en el ukelele y los 10.000 Hz en la batería.
A continuación, realizó una prueba ABX, que básicamente consiste en escuchar varias grabaciones sin saber cuál es cuál e intentar identificar las diferencias. Antes de subir los archivos a YouTube, consiguió acertar todas las veces en una serie de aproximadamente diez intentos con el ukelele. Es decir, que aunque el cambio era pequeño, podía distinguir perfectamente las dos versiones.
Pero faltaba lo más interesante. Subió las grabaciones a YouTube y volvió a repetir las pruebas, esta vez capturando el sonido mediante OBS, lo que añadía otra etapa de procesamiento. ¿Y qué pasó? Pues que seguía siendo capaz de identificar los cambios incluso después de pasar por la compresión de YouTube. Y no solo con el ukelele, también con la batería. Podéis comprobarlo vosotros mismos en el vídeo original del experimento.
La compresión de YouTube no afecta tanto al sonido como muchos creen

Aquí hay un detalle importante que conviene explicar. YouTube utiliza códecs con pérdidas, como Opus y AAC, para reducir el tamaño de los archivos de audio. En el caso de Opus, podemos encontrarnos con tasas de bits alrededor de los 128 kbps, aunque esto puede variar dependiendo de la reproducción.
Sin embargo, estos sistemas no eliminan información de cualquier manera. Aprovechan características de nuestro oído para descartar principalmente aquellos sonidos que resultan más difíciles de percibir. Y claro, eso no significa que desaparezcan todas las diferencias de una grabación. De hecho, en las mediciones analizadas se observó que la respuesta en frecuencia se mantenía muy parecida a la original durante buena parte del espectro audible, con una caída más acusada por encima de los 17-18 kHz.
Y aquí viene otro dato curioso. Según explica el propio ingeniero, las diferencias de respuesta en frecuencia entre algunos DACs pueden moverse entre 0,01 y 0,1 dB, bastante menos que los 1,5 dB utilizados en su experimento. Eso sí, que YouTube conserve este último cambio no demuestra que podamos escuchar diferencias cien veces más pequeñas.
Entonces, ¿sirven las comparativas de sonido que vemos en YouTube?

Pues depende de qué estemos comparando. Por ejemplo, los cambios de ecualización, el equilibrio entre graves y agudos o las diferencias tonales importantes pueden seguir siendo perfectamente apreciables después de subir una grabación a la plataforma. Y precisamente eso es lo que ha demostrado esta prueba.
Otra cosa muy distinta es pretender saber exactamente cómo suenan unos altavoces escuchándolos a través de nuestro móvil. Ahí entran en juego el micrófono que los ha grabado, la acústica de la habitación y los auriculares o altavoces con los que reproducimos el vídeo. Vamos, que no estamos escuchando directamente el equipo original, sino una grabación del mismo.
Así que no, este experimento no demuestra que YouTube tenga la misma calidad que un archivo FLAC sin pérdidas. Lo que sí demuestra es que su compresión no borra necesariamente las diferencias audibles, incluso cuando hablamos de ajustes relativamente pequeños. Y eso es bastante interesante, especialmente teniendo en cuenta la cantidad de veces que hemos leído que las comparativas de audio en YouTube no sirven absolutamente para nada.




