Llevamos meses con esta historia que parece una serie de 12 temporadas y cuando crees que ya está todo decidido va y cambia el guion. Pues eso, otro giro gordo en la “compra de Warner” que ya se nos está quedando como el chicle de la industria. Y ojo porque no son rumores de pasillo, es un movimiento que, si sale adelante, reordena el mapa del streaming a lo bestia.
Lo que veníamos comentando era sencillo de entender. Netflix tenía un acuerdo firmado para llevarse una buena parte del “pack premium” de Warner, con HBO en el centro del asunto. Y mientras tanto, Paramount (con Skydance por detrás y todo el ruido alrededor) seguía metiendo presión con ofertas cada vez más altas. Vamos, una subasta con traje y corbata.
Y ahora ha pasado lo que muchos intuían pero pocos daban por hecho. Netflix ha dicho “hasta aquí” y se ha retirado oficialmente, porque el precio para igualar la última propuesta de Paramount ya no le sale a cuenta. Dicho de otra manera, Netflix ha preferido cobrar y no endeudarse hasta las cejas por ganar una guerra que, en el fondo, no necesitaba ganar para seguir siendo Netflix.
Qué ha pasado exactamente y por qué es un bombazo

Netflix tenía sobre la mesa (y firmado) un acuerdo valorado en torno a 83.000 millones de dólares para hacerse con activos clave de Warner, con HBO y el streaming como parte del “premio”. Pero Paramount Skydance no soltó el hueso y acabó llegando con una oferta final más alta, que en números gordos se mueve alrededor de 111.000 millones si metes deuda y valor total del paquete.
Esa diferencia de precio no es un “pelín más”. Es lo típico de “vale, si quieres competir, tienes que ponerte serio de verdad”. Y Netflix, por una vez, ha hecho de adulto responsable. Ha soltado un mensaje bastante claro, en plan “nos encanta la idea, pero a ese precio ya no compensa”. Y ahí se acaba el pulso.
Lo importante aquí no es solo quién gana. Lo importante es lo que significa esta retirada. Netflix se quita un riesgo enorme de encima, evita un proceso regulatorio que podría ser eterno, y encima sale con dinero en el bolsillo. Porque sí, en este tipo de acuerdos suele haber cláusula de ruptura, y aquí la cifra es un señor dineral.
Netflix se lleva una pasta y se va a casa silbando

Aquí viene el detalle que hace que más de uno en Netflix esté descorchando algo caro. Al romperse el acuerdo, se activa una penalización y Netflix se embolsa unos 2.800 millones de dólares en concepto de breakup fee. Y para rematar, según los términos que se están manejando, Paramount sería quien asume ese pago para que Warner pueda “deshacer” el acuerdo anterior.
A mí esto me parece un movimiento muy de tiburón. Netflix pierde la posibilidad de sumar HBO y Warner, sí. Pero también evita tragarse un monstruo corporativo, con todo lo que implica integrar estudios, marcas, equipos, sindicatos, licencias, plataformas, tecnología… y el festival de reguladores mirándolo con lupa. Y encima, cobra por bajarse del barco. No es mal negocio, sinceramente.
Y hay otro punto que no es menor. Netflix ya está en una posición donde no necesita comprarlo todo para seguir dominando. Puede invertir en contenido, tecnología, publicidad, deportes si quiere, acuerdos puntuales… y dejar que otros se metan en la aventura de comprar “imperios” a base de deuda. Esto, de cara a los inversores, suele sonar a disciplina financiera, que es una frase aburrida pero que en Wall Street gusta muchísimo.
Paramount gana… pero se mete en un jardín con minas

Vale, Paramount se queda como ganadora de la puja. Perfecto. Ahora viene la parte en la que yo frunzo el ceño. Porque Paramount no es precisamente una empresa que esté nadando en billetes como el Tío Gilito. Su tamaño y su situación hacen que esta operación, si se concreta, sea un megadeal hiper apalancado, de los que te dejan sin margen para respirar si el mercado se gira.
La compra incluiría el estudio de Warner Bros, las operaciones de HBO, la plataforma de streaming (Max/HBO Max, según el momento), canales y todo el conglomerado bajo Warner Bros Discovery. O sea, no es “me llevo dos joyas y listo”. Es me llevo el castillo entero con sus sótanos, con lo bueno y lo menos glamuroso.
Y aquí llega lo inevitable. Un proceso así va a pasar por autoridades de competencia en varios países, con meses (o años) de papeleo, condiciones, exigencias y preguntas incómodas. Y mientras tanto, el mercado va a estar mirando una cosa. Qué recortes vienen. Porque cuando juntas dos mastodontes del entretenimiento, la palabra “sinergias” suele traducirse en cristiano como “duplicidades” y, al final, despidos. No me gusta, pero es lo que suele pasar.
Si esto acaba saliendo, el streaming puede entrar en otra fase. Menos jugadores, más grandes, más presión por rentabilidad y, probablemente, subidas de precios o cambios de catálogo con el tiempo. Y Netflix, desde la barrera, mirando cómo un rival se carga de deuda para comprar a otro rival. A veces la mejor jugada es la que no haces.




