Cambiar de televisor y dar el salto a uno más grande suele ser una alegría. Si tenemos una OLED de 65 pulgadas y podemos permitirnos pasar a 77 pulgadas, mejor que mejor, ¿no? Pues ojo, porque hay un detalle que mucha gente pasa por alto: algunos contenidos pueden acabar viéndose peor.
Precisamente de esto se está hablando en un interesante debate de AVForums que me ha llamado bastante la atención. Un usuario quiere cambiar su OLED de 65 pulgadas por otra de 77, pero ve casi todo el streaming en 1080p y parte incluso en 720p. Y se pregunta si tendrá que empezar a pagar por el 4K.
La pregunta tiene bastante sentido. Una pantalla más grande no empeora la señal, pero puede hacer mucho más visibles sus defectos. Y la clave está en qué vemos y a qué distancia tenemos el sofá.
De 65 a 77 pulgadas hay bastante más diferencia de la que parece

Para empezar, pasar de 65 a 77 pulgadas supone aproximadamente un 40 % más de superficie de pantalla. Si ambos televisores son 4K, siguen teniendo los mismos 8,3 millones de píxeles, solo que repartidos por un panel bastante mayor.
Pongamos que estamos viendo una serie en 1080p. El televisor tiene que escalarla hasta 4K para llenar la pantalla. Con contenido en 720p debe ampliar todavía más la imagen. Los procesadores actuales hacen un trabajo muy bueno, pero el escalado no puede recuperar todos los detalles que no existen en el original.
Además, hay que contar con la compresión del streaming. Los fondos oscuros, las escenas con humo o las imágenes con mucho movimiento pueden mostrar bloques, bandas de color y pérdida de detalle. En una pantalla de 77 pulgadas, sentados a la misma distancia, es más fácil darse cuenta de todo esto.
Con Netflix en 4K la cosa cambia bastante

Si reproducimos una película o serie en 4K nativo, tendremos mucha más información para llenar esas 77 pulgadas. Se nota especialmente en las texturas, los paisajes y los detalles pequeños. Eso sí, no basta con tener un televisor 4K: el contenido, el dispositivo y el plan contratado también deben permitir esa resolución.
Según la propia Netflix, hace falta una conexión estable de al menos 15 Mbps para reproducir en Ultra HD. Además, determinados contenidos ofrecen HDR o Dolby Vision, que pueden mejorar el contraste y los colores más allá del aumento de resolución.
Pero tampoco hay que obsesionarse. Un buen 1080p puede verse estupendamente en 77 pulgadas. De hecho, una película Full HD poco comprimida puede ofrecer mejor imagen que otro contenido con más resolución, pero una compresión muy agresiva.
La TDT es donde más se pueden notar los defectos

Con la TDT sucede algo parecido, pero tenemos menos control sobre la calidad de origen. Aunque los canales emitan en HD, algunos programas proceden de material de menor resolución. Entre eso y la compresión de las emisiones, una pantalla grande puede dejar más a la vista el ruido y los bordes poco definidos.
Y no, poner la nitidez al máximo no es la solución. Como ya contamos en AVPasión al hablar de los ajustes de la TDT, pasarse con este filtro puede remarcar contornos y empeorar precisamente esos defectos que queremos disimular.
En el debate, el usuario comenta que ve la tele desde unos 2,4 a 3 metros. A esa distancia, todo dependerá del contenido y de nuestra vista. Y aquí tenemos un truco bastante curioso: si vemos nuestra tele de 65 pulgadas desde 2,7 metros, podemos acercarnos a unos 2,3 metros para hacernos una idea aproximada de cómo se verá ese mismo contenido en 77 pulgadas sin mover el sofá. Una forma sencilla de comprobar si el salto nos convence antes de gastarnos el dinero.




