Los televisores OLED de LG llevan años utilizando una estructura que seguramente habrás visto nombrada alguna vez: WRGB o RGBW, según cómo se describa el panel. Junto a los subpíxeles rojo, verde y azul aparece un cuarto subpíxel blanco que ayuda, entre otras cosas, a conseguir más luminosidad. Hasta aquí nada nuevo. Lo interesante es que ese subpíxel blanco parece afectar a nuestra percepción de la imagen bastante más de lo que podría parecer sobre el papel.
Eso es precisamente lo que ha querido estudiar un grupo de investigadores de la Ulsan National Institute of Science and Technology (UNIST), junto a miembros del equipo de calidad de imagen de LG Electronics. Y ojo, porque no han utilizado un prototipo extraño de laboratorio: las pruebas se realizaron utilizando como base un LG OLED C1 de 55 pulgadas, uno de los televisores WOLED más conocidos de los últimos años. El estudio fue publicado el pasado 4 de septiembre en el Journal of the Society for Information Display.
Lo curioso llega cuando empiezan a aumentar lo que los investigadores llaman White-Boosting, es decir, la aportación del canal blanco para incrementar la luminosidad. Cuanto mayor era ese White-Boosting, más “viva” percibían la imagen los participantes, incluso cuando el brillo máximo de los subpíxeles rojo, verde y azul prácticamente no cambiaba. Y aquí es donde la cosa se pone realmente interesante.
El blanco pasó de 449 a casi 908 nits, pero los colores prácticamente ni se movieron
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Antes de hacer las pruebas con personas, los investigadores midieron el comportamiento del televisor con bastante precisión. La LG OLED C1 estaba configurada en modo Estándar y se desactivaron las funciones automáticas y de inteligencia artificial para evitar que el procesado modificara el resultado. Después midieron 98 puntos diferentes utilizando un espectrorradiómetro Konica Minolta CS-2000.
Y aquí aparece el dato que mejor explica todo esto. Con el White-Boosting desactivado, el blanco alcanzaba 449,41 nits. En nivel bajo subía hasta 581,22 nits, en medio alcanzaba 730,96 nits y con el nivel alto llegaba hasta 907,7 nits. Es decir, prácticamente duplicaba su luminancia.
Sin embargo, mira lo que ocurría con los colores primarios. El rojo se mantenía alrededor de 96 nits, el verde rondaba los 298-301 nits y el azul se quedaba aproximadamente entre 37 y 38 nits independientemente del nivel utilizado. Los autores incluso señalan que esas pequeñas diferencias probablemente se deben al margen de error de las mediciones y a la propia repetibilidad del panel. El gran cambio estaba, básicamente, en el blanco.
Nuestro ojo acaba percibiendo la imagen como más viva
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La segunda parte del experimento es probablemente la más interesante. Los investigadores sentaron a los participantes aproximadamente a 1,5 metros del televisor, en una habitación oscura, y les mostraron dos versiones de la misma imagen una al lado de la otra. La única pregunta era sencilla: ¿cuál de las dos parece más viva?
Realizaron tres experimentos. Los dos primeros contaron con 20 participantes y el tercero con 15, utilizando diez imágenes diferentes con escenas claras, oscuras, muy coloridas y otras con grandes zonas de baja saturación. En total simularon distintos niveles de luminancia, White-Boosting y gamut de color para separar qué estaba produciendo realmente esa sensación de mayor viveza.
El resultado fue bastante claro: al aumentar el White-Boosting también aumentaba de forma consistente la viveza percibida de la imagen. Además, el efecto resultó todavía mayor cuando se partía de una luminancia inicial más baja. No todos los contenidos reaccionaban igual: imágenes con grandes superficies poco saturadas, como grises, blancos o colores suaves, mostraron algunas de las diferencias más evidentes porque son precisamente las zonas donde el canal blanco puede intervenir con mayor fuerza.
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Y es que aquí está la clave. Una imagen no necesita aumentar muchísimo el brillo del rojo, verde y azul para que nuestro cerebro la perciba como más impactante. La combinación entre luminosidad y volumen de color termina modificando esa sensación general de viveza. De hecho, los investigadores encontraron una correlación extremadamente alta entre una métrica denominada volumen de gamut de color perceptual o pCGV y las respuestas de los participantes, con valores R² de 1,0, 1,0 y 0,97 en los tres experimentos.
Eso sí, el propio estudio deja claro que hablamos de unas condiciones experimentales concretas y que harán falta más pruebas para comprobar hasta qué punto los resultados pueden generalizarse a otros escenarios, televisores y contenido HDR. El trabajo, además, fue financiado por LG Electronics. Pero los resultados sí ponen números a algo bastante curioso de los WOLED: ese cuarto subpíxel blanco no solo sirve para sumar nits; también puede cambiar de forma medible cómo percibimos la imagen que tenemos delante.



