Es una tradición para muchísima gente el hecho de comprar un televisor justo antes del Mundial o incluso para muchos despistados cuando ya ha arrancado. No sé si llamarlo necesidad, capricho o la excusa perfecta, pero pasa cada cuatro años, se acerca el torneo, te empiezas a imaginar los partidos con colegas en casa, con picoteo, bebida fresca… y de golpe esa tele que hasta ahora te parecía más que suficiente la empiezas a ver pequeña.
Entonces arranca el cotilleo del mercado de televisores, acabas dando con una tele enorme, de 75, 85 o hasta 98 pulgadas con un precio agresivo, y se te enciende la bombilla. «Para el Mundial, esto tiene que ser una locura». Y la verdad es que ver fútbol en una pantalla grande mola muchísimo, sobre todo si vais a ser unos cuantos en el salón.
Pero tienes que ir con cuidado, porque ver fútbol no es lo mismo que ver una serie tranquila por la noche. Lo hemos hablado mucho pero en un partido tenemos césped verde que ocupa media pantalla, cámaras que se mueven de lado a lado, planos largos, balón rápido, público y lo que no está escrito. O sea, una receta que fastidia a cualquier tele que vaya justa de panel.
Una tele grande para el Mundial tiene todo el sentido, pero no a cualquier precio

El tamaño SÍ importa para ver fútbol, esto lo voy a dejar claro desde ya. Si tienes un salón grande, el sofá está lejos o vas a montar fiestas en casa para el Mundial, la verdad es que una tele grande se agradece una locura. No es lo mismo un partido en 55 que en 75 pulgadas.
Encima hay que decir que han mejorado bastante los televisores grandes. Hace no tanto, si querías comprarte un televisor enorme económico era jugártela a cara o cruz. Hoy tienes modelos QLED, Mini LED y LCD que son bastante decentes y que te pueden dar una muy buena imagen por no tanta pasta. Estamos en un punto en que no todo lo grande y barato es automáticamente malo, y eso hay que tenerlo presente.
Ahora bien, una cosa es encontrar una buena oferta y otra muy distinta es comprar solo por pulgadas. Ahí es donde empieza el problema. Porque si para llegar a una tele enorme estás bajando demasiado de gama, puede que el Mundial te saque los colores en el primer partido importante. Y no hace falta ser calibrador profesional para verlo.
El césped del Mundial puede delatar una mala compra en cuestión de minutos

Con el fútbol pasa que deja al descubierto defectos que en otros contenidos pasan más desapercibidos. Uno de los que yo más odio es el dirty screen effect, o DSE. Son esas zonas de la pantalla que parecen más oscuras, más claras o directamente como manchadas.
Esto en una película oscura o en una serie con muchos cortes ni te enteras. Pero en fútbol, amigo, ahí no hay nada que hacer. Un campo verde enorme, bastante uniforme y una cámara que se pasa el partido haciendo paneos laterales. Si la tele no tiene buena uniformidad, esas manchas las vas a ver ahí pase lo que pase.
Y lo peor es que cuando lo ves una vez, cuesta muchísimo dejar de verlo. Igual hay una contra, el balón cambia de banda y, tu ojo de repente se va a la sombra rara que ha salido en el centro de la pantalla. Es el típico defecto que te puede fastidiar un partido entero, sobre todo si eres un poco maniático con la imagen.
¿Mejor una tele de 75 pulgadas normalita o una de 65 pulgadas mejor?

Yo creo que esta es la pregunta del millón. Y la respuesta es que depende. Del salón, de la distancia, de la gente que haya viendo partidos contigo, y lo más importante el presupuesto. Pero si quieres mi opinión, no sacrificaría demasiada calidad solo por granar pulgadas.
Una OLED sigue siendo una apuesta espectacular si lo que quieres es calidad de imagen pura. El problema es que en tamaños grandes, un televisor OLED se puede ir bastante de madre. Por eso, para la mayoría una Mini LED en condiciones puede ser el punto dulce. Te va a dar mucho brillo, mejor control de luz que una LED básica y menos papeletas para sufrir una uniformidad terrible.
Obviamente no tiene los negros perfectos de una OLED, y puedes tener algo de blooming, pero para ver fútbol en un salón con luz, yo creo que es la mejor apuesta.
No mires solo las pulgadas: mira también cómo se va a comportar con fútbol
El error común es quedarse con el dato fácil de «esta cuesta x y tiene x pulgadas». Y todos lo hacemos. Pero para fútbol hay más cosas que mirar. La uniformidad es clave como ya hemos dicho, porque el césped no perdona. También importa el brillo, sobre todo si tienes mucha luz en el salón.
Por otro lado está el movimiento. Porque una tele puede verse muy resultona en una demo con colores a tope y vídeos preparados, pero luego llega el partido y salen los paneos raros. El fútbol necesita una tele que gestione bien el movimiento, porque todo está pasando rápido todo el rato.
Y tampoco me olvidaría de los ángulos de visión. Si vas a ver el Mundial con amigos o familia, no todo el mundo va a estar sentado justo en el centro del sofá, como en una review perfecta. Habrá gente en los lados, en una silla, medio torcida o donde pueda. Ahí una tele con malos ángulos puede hacer que algunos vean la imagen más lavada o con menos contraste.
La mejor tele para el Mundial no siempre es la más grande

Al final la idea es que compres la tele más grande que puedas permitirte, pero sin dejarte la calidad por el camino.
Si el presupuesto te da para una OLED de buen tamaño, perfecto. Si no, una Mini LED decente puede ser una opción muy top para fútbol. Y si estás entre una tele enorme de gama baja y otra algo más pequeña pero claramente mejor, yo lo tengo clarísimo. Prefiero perderme unas pulgadas antes que comerme una imagen con mil defectos durante todo el Mundial.
Porque el Mundial dura unas semanas, pero la tele se queda en casa bastante más tiempo. Cuando se acabe el torneo seguirá estando ahí para películas, series, videojuegos y todo lo demás. Así que sí, las pulgadas importan, faltaría más. Pero la calidad también manda, y el fútbol es de esos contenidos que no se cortan ni un pelo a la hora de enseñar si has comprado bien… o si te has dejado llevar solo por el tamaño.




