Hace apenas unos años, encontrarse un televisor de 98 pulgadas en una tienda era casi una anécdota. Normalmente hablamos de modelos carísimos, difíciles de conseguir y pensados para instalaciones muy concretas. Ahora basta con mirar los catálogos de TCL, Hisense, Samsung, LG o Xiaomi para comprobar que las 98 y 100 pulgadas se están convirtiendo en una categoría más del mercado, con cada vez más opciones disponibles.
Evidentemente, todavía no son televisores para todos los salones, pero la situación ha cambiado muchísimo. Ya existen modelos de 98 pulgadas por precios que hasta hace poco asociábamos a una OLED premium de 77 pulgadas, mientras que fabricantes como TCL han llevado algunas de sus gamas hasta las 115 pulgadas. La pantalla gigante está dejando de ser un producto experimental para convertirse en algo que se puede comprar, recibir e instalar en casa sin recurrir a soluciones profesionales.
La pregunta es bastante evidente: si las 98 y 100 pulgadas ya empiezan a parecernos normales, ¿hasta dónde pueden crecer los televisores? La respuesta más inmediata son las 130 pulgadas, una diagonal que ya ha dejado de ser una simple idea sobre el papel y empieza a tomar forma como producto comercial.
El siguiente salto serán los televisores de 130 pulgadas

TCL CSOT presentó durante el SID Display Week 2026 el que define como el panel LCD para televisores más grande fabricado hasta ahora, con una diagonal de 130 pulgadas. Se trata de un panel HVA con resolución 4K y un grosor de apenas 29,8 milímetros, una cifra especialmente llamativa teniendo en cuenta su enorme tamaño.
Este panel es también el que se encuentra detrás del espectacular televisor Micro RGB de 130 pulgadas mostrado por Samsung. Aunque de momento hablamos de un producto situado en la parte más exclusiva del mercado, confirma que las 130 pulgadas son perfectamente viables dentro de un televisor LCD convencional de una sola pieza. TCL también podría utilizarlo en alguno de sus próximos televisores.
El salto es mucho mayor de lo que parece. Una pantalla de 130 pulgadas ofrece aproximadamente un 27 % más de superficie que una de 115 pulgadas, pero su fabricación resulta bastante más compleja. Los primeros cálculos de la industria apuntan a que producir estos paneles puede costar alrededor de un 50 % más, por lo que los modelos iniciales podrían moverse en precios completamente prohibitivos.
China controla prácticamente todos los televisores gigantes

China tiene prácticamente todo el control de esta carrera. TCL CSOT fabrica actualmente todos los paneles LCD de 98 pulgadas, aunque después sean utilizados por televisores vendidos bajo marcas diferentes. En el caso de los paneles de 100 pulgadas, la producción está principalmente en manos de BOE y HKC.
Estas tres compañías concentran casi el 100 % del mercado de diagonales comprendidas entre las 90 y las 115 pulgadas. Sus fábricas de generación 10.5 permiten aprovechar enormes láminas de vidrio para cortar paneles cada vez mayores con un coste más contenido, algo fundamental para que los precios puedan seguir bajando.
La carrera comenzó a acelerarse especialmente en 2022, cuando TCL lanzó una de las primeras teles de 98 pulgadas con un precio relativamente accesible. Después llegó la respuesta de Hisense con las 100 pulgadas, mientras que Samsung y Sony entraron con sus propios modelos en 2023. LG, Philips y otros fabricantes han ido sumándose, mientras que Panasonic continúa siendo una de las pocas grandes marcas que todavía no compite directamente en estas diagonales.
Son televisores LCD, pero no todos ofrecen la misma calidad
La inmensa mayoría de estos televisores gigantes utilizan tecnología LCD y siguen teniendo resolución 4K en lugar de 8K, pese a que es precisamente en diagonales de 98, 100 o 115 pulgadas donde el aumento de resolución podría apreciarse con mayor facilidad. El 8K continúa siendo demasiado caro y prácticamente no existe contenido nativo que permita aprovecharlo.
También conviene aclarar que una pantalla enorme no significa automáticamente que estemos ante un televisor Mini LED o RGB Mini LED. Los modelos más baratos pueden utilizar sistemas de retroiluminación mucho más sencillos, mientras que las gamas premium incorporan miles de zonas de atenuación, mayores niveles de brillo y sistemas de color más avanzados. LG dispone incluso de una OLED de 97 pulgadas, pero su precio continúa estando muy por encima de las alternativas LCD.
Precisamente ahí está una de las claves del crecimiento de estas diagonales. Los fabricantes LCD tienen cada vez más dificultades para competir contra los televisores OLED en tamaños como 55, 65 o 77 pulgadas, así que las 98, 100 y 115 pulgadas les permiten entrar en un terreno donde OLED todavía no puede igualar sus precios.
El límite real depende del transporte y de tu puerta

Técnicamente se pueden construir pantallas todavía más grandes, especialmente utilizando Micro LED modular, donde el televisor se forma uniendo diferentes módulos. El problema de los LCD de una sola pieza aparece en la fabricación, la tasa de paneles defectuosos, el peso y el transporte. Una tele de 130 pulgadas tiene cerca de 2,88 metros de anchura, así que meterla en un ascensor, girarla por una escalera o pasarla por determinadas puertas puede resultar directamente imposible.
Estas diagonales también están entrando directamente en el terreno de los proyectores. Una tele de 98 o 115 pulgadas puede ofrecer más brillo, mejores niveles de negro y un HDR mucho más convincente, además de funcionar correctamente en una sala con algo de luz. El proyector sigue teniendo ventaja cuando buscamos pantallas todavía mayores, pero esa diferencia cada vez es más pequeña.
Por eso, las 130 pulgadas parecen el próximo techo comercial de los televisores LCD domésticos, mientras que las 98, 100, 115 y 116 pulgadas irán bajando progresivamente de precio y llegando a más gamas. Para superar ese límite, la industria tendrá que recurrir a pantallas Micro LED modulares, paneles enrollables o incluso dispositivos de realidad virtual capaces de simular pantallas gigantes. En un televisor convencional de una sola pieza, sin embargo, el límite empieza a ponerlo la casa mucho antes que la propia tecnología.




