DreamScapes A/V ha aprovechado la celebración del Southwest Audio Fest 2026 para montar uno de los cines en casa más exagerados que hemos visto en mucho tiempo. Y viendo sus cifras, tampoco es difícil entender por qué: 32.000 W de potencia, una configuración 11.8.6 y nada menos que ocho subwoofers infrasonoros trabajando dentro de una misma sala.
En total estamos hablando de 25 canales independientes, repartidos entre once altavoces alrededor de los espectadores, seis canales instalados en altura y ocho subwoofers dedicados a la zona más grave del sonido. Para conseguirlo, el instalador ha recurrido a algunas de las marcas más importantes del sector, como Alcons Audio, Trinnov, Christie, Lumagen, Kaleidescape o Stewart Filmscreen.
La parte de imagen tampoco se ha quedado precisamente corta, ya que el sistema utiliza un proyector profesional Christie y una pantalla acústicamente transparente de 150 pulgadas. Todo está diseñado para acercarse a la experiencia de una sala comercial de primer nivel, pero con la precisión, el tratamiento acústico y la calidad de señal que podemos conseguir en un cine privado sin las limitaciones habituales de una sala pública.
Ocho subwoofers para que los graves lleguen igual a todos los asientos

Como habéis podido deducir por el titular, la parte más bestia de esta instalación está en los graves. DreamScapes ha utilizado ocho subwoofers infrasonoros, capaces de trabajar con frecuencias tan bajas que algunas de ellas dejan de escucharse de la manera habitual y pasan directamente a sentirse en el cuerpo.
Es ese tipo de grave que hace vibrar el asiento, el suelo e incluso la ropa durante una explosión, el despegue de una nave o cualquier escena especialmente contundente. La diferencia es que aquí no se busca hacer ruido sin más, sino reproducir esas frecuencias con control y sin que el sistema empiece a distorsionar cuando llega una escena exigente.
Además, instalar ocho subwoofers tiene una ventaja muy importante. Los graves suelen comportarse de una forma bastante complicada dentro de cualquier habitación, creando puntos donde retumban demasiado y otros donde casi desaparecen. Al repartir varias unidades por la sala, la respuesta puede mantenerse mucho más uniforme en todas las butacas, evitando que únicamente disfrute de verdad quien se sienta en el centro.
Altavoces Alcons y una reserva de potencia completamente absurda

Para los canales principales se han utilizado altavoces de la serie CRMSQ de Alcons Audio, una gama nacida para instalaciones profesionales y salas de cine de alto nivel. Estos modelos utilizan los conocidos transductores Pro-Ribbon de la firma, basados en una membrana extremadamente ligera que se encarga de reproducir las frecuencias altas.
Este sistema permite conseguir una respuesta muy rápida, una distorsión especialmente baja y niveles de presión sonora enormes sin que el sonido se vuelva duro o agresivo. También ayuda a que todos los altavoces mantengan una firma sonora parecida, algo fundamental cuando un efecto empieza delante del espectador, pasa por un lateral y termina justo detrás de su cabeza.
Por otro lado tenemos los famosos 32.000 W de potencia anunciados por DreamScapes, una cifra facilitada por el propio instalador y que no procede de una medición independiente. En cualquier caso, semejante reserva sirve para reproducir los picos de las bandas sonoras sin comprimirlos y sin obligar a los amplificadores a trabajar continuamente cerca de su límite.
Trinnov se encarga de poner orden entre los 25 canales
Lógicamente, controlar semejante cantidad de altavoces no es algo que podamos hacer con un receptor AV convencional. El cerebro de la instalación es un procesador Trinnov, encargado de gestionar cada canal, ajustar los niveles, calcular las distancias y corregir los problemas acústicos de la sala.
El procesador también puede detectar la posición tridimensional real de cada altavoz. Si una caja está un poco más alta, más lejos o tiene una orientación distinta a la prevista, el sistema puede compensar esas diferencias para conseguir que el sonido llegue perfectamente sincronizado a la zona de escucha.
Gracias a esta configuración 11.8.6, los espectadores quedan rodeados por una burbuja sonora prácticamente completa. Los once canales inferiores se encargan de todo lo que ocurre alrededor de la sala, mientras que los seis altavoces superiores colocan por encima efectos como lluvia, aviones, helicópteros o cualquier objeto que atraviese la escena.
Una pantalla de 150 pulgadas con los altavoces escondidos detrás

Para la imagen se ha escogido un proyector profesional Christie 4K15, con luminosidad suficiente para llenar una pantalla de gran tamaño sin que la imagen pierda fuerza. El proyector trabaja junto a un procesador Lumagen, utilizado para controlar el escalado, las relaciones de aspecto y el mapeo de tonos de los contenidos HDR.
La pantalla es una Stewart Filmscreen de 150 pulgadas y formato 2.05:1, una proporción situada entre el tradicional 16:9 y el formato cinematográfico 2.39:1. Además, su tejido es acústicamente transparente, permitiendo colocar los altavoces frontales justo detrás para que las voces y los efectos salgan directamente desde la imagen, igual que ocurre en un cine comercial bien diseñado.
Por último, el contenido procede de un sistema Kaleidescape, capaz de descargar películas con una tasa de bits mucho más alta que la utilizada por las plataformas de streaming. El resultado es una instalación que reúne 25 canales, ocho subwoofers, 32.000 W y una pantalla de 150 pulgadas. Una auténtica barbaridad que demuestra hasta dónde se puede llevar un cine en casa cuando el espacio y el presupuesto dejan de ser un problema.




