Si eres un aficionado al buen sonido, lo más probable es que hayas pasado un buen rato colocando los altavoces, ajustando las distancias en el receptor AV y pasando sistemas como Dirac Live, Audyssey o YPAO para intentar dejar la respuesta de frecuencia lo más fina posible. Sin embargo, puede ocurrir que, incluso teniendo unas cajas excelentes, notes que falta pegada en los graves, que las voces suenan demasiado delgadas o que determinadas notas desaparecen casi por completo desde el punto de escucha.
Y es que muchas veces solemos culpar rápidamente al equipo: pensamos que los altavoces no bajan lo suficiente, que el amplificador se queda corto de potencia o que necesitamos aplicar todavía más ecualización. Pero el problema puede estar en un elemento mucho más sencillo y que todos tenemos en nuestro salón: la pared situada detrás de los altavoces y la distancia que separa a las cajas de ésta.
Este fenómeno acústico se conoce como SBIR, siglas de Speaker Boundary Interference Response. Aunque el nombre parezca algo técnico, realmente es bastante sencillo de entender: una parte del sonido llega directamente hasta nuestros oídos y otra rebota previamente en la pared, el suelo o el techo. Al encontrarse de nuevo, ambas ondas pueden sumarse entre sí…o cancelarse casi por completo, provocando enormes agujeros en la respuesta de frecuencia. Vamos a verlo un poco más en detalle.
La pared puede estar borrando literalmente parte del sonido de tus altavoces

Cuando un altavoz reproduce música o la banda sonora de una película, el sonido no se dirige únicamente hacia delante y en línea recta hasta el sofá. Las ondas se propagan en todas direcciones, por lo que parte de esa energía también sale hacia atrás, golpea la pared situada detrás de la caja y vuelve reflejada hacia el punto de escucha.
El problema es que ese sonido reflejado ha recorrido una distancia mayor que el sonido directo, por lo que llega hasta nosotros con un pequeño retraso. Dependiendo de la frecuencia reproducida y de la distancia existente entre la caja y la pared, ambas ondas pueden terminar llegando en oposición de fase y anularse entre ellas.
El resultado es una caída muy profunda en una zona concreta del grave o del grave medio. Es decir, el altavoz está reproduciendo correctamente esa frecuencia y enviando energía a la sala, pero la propia habitación se encarga de borrarla antes de que llegue correctamente hasta nuestros oídos. Por eso podemos escuchar un bombo sin pegada, una voz masculina sin cuerpo o ciertas notas del bajo mucho más débiles que el resto.
Mover los altavoces unos centímetros puede cambiar completamente el resultado

La frecuencia en la que aparece esta cancelación depende principalmente de la distancia entre el altavoz y la pared. Y aquí viene una de las partes más curiosas del SBIR: mover las cajas apenas 10 o 20 centímetros puede desplazar por completo ese enorme agujero hacia otra zona de la respuesta de frecuencia.
Eso no significa que la cancelación vaya a desaparecer siempre, ya que el sonido seguirá interactuando con las diferentes superficies del salón. Sin embargo, podemos conseguir que ese nulo se desplace a una frecuencia menos audible, menos problemática o que pueda ser cubierta con mayor facilidad por el subwoofer.
Por ello, antes de cambiar de altavoces, comprar un amplificador más potente o empezar a subir filtros de ecualización sin control, lo primero que deberíamos hacer es probar diferentes distancias respecto a la pared frontal. También podemos adelantar o retrasar ligeramente el sofá, ya que la cancelación depende de todo el recorrido que realiza el sonido hasta llegar a nuestra posición.
Intentar rellenar ese agujero con ecualización no suele funcionar

Si medimos nuestro equipo con REW o utilizamos un sistema de corrección acústica, este problema aparecerá normalmente como un valle muy profundo en la gráfica. Y claro, lo primero que podemos pensar es que, si faltan 10 dB en esa zona, basta con aplicar un filtro positivo de 10 dB para recuperarlos.
Pues no. No estamos ante una simple falta de volumen, sino ante una cancelación física entre dos ondas. Aunque el amplificador envíe mucha más potencia y obliguemos al altavoz a trabajar más, el sonido reflejado seguirá llegando en oposición de fase y continuará eliminando buena parte de esa energía.
De hecho, aplicar una ganancia muy alta en un nulo profundo puede reducir el margen dinámico del sistema, aumentar la distorsión y exigir muchísimo más al amplificador sin conseguir una mejora real. Los picos suelen poder recortarse con ecualización, pero las cancelaciones profundas deben solucionarse modificando la posición de los altavoces o del punto de escucha.
El subwoofer puede ayudarnos a recuperar las frecuencias perdidas

Si el nulo se encuentra en una frecuencia relativamente baja, podemos intentar que sea el subwoofer quien se encargue de reproducir esa parte del sonido. Al estar colocado en otro punto de la habitación, su interacción con las paredes será diferente a la de los altavoces principales, por lo que no debería sufrir exactamente la misma cancelación.
Para ello podemos modificar ligeramente la frecuencia de cruce, cambiar la ubicación del subwoofer o ajustar correctamente su fase y retardo. La idea es utilizar una fuente de sonido situada en otro punto del salón para que rellene la frecuencia que las cajas principales están perdiendo por culpa del rebote de la pared.
El tratamiento acústico detrás de los altavoces también puede ayudar, pero aquí no sirve colocar cuatro paneles de espuma fina y esperar que el problema desaparezca. Para absorber frecuencias graves necesitaremos paneles de bastante grosor, ya que una espuma decorativa apenas tendrá efecto sobre una cancelación situada por debajo de los 200 Hz.
En fin, si notas que tus altavoces tienen menos cuerpo del esperado o que determinadas frecuencias desaparecen en el sofá, puede que el problema no esté en las cajas ni en el amplificador. Mover los altavoces unos centímetros, cambiar ligeramente el punto de escucha y volver a medir puede mejorar más el sonido que cualquier filtro de ecualización.




