Las cifras de las salas de cine de todo el mundo siguen siendo muy malas. La salud del séptimo arte es buena, pero el cambio de paradigma que supone que podamos comprar televisores y proyectores de altísima calidad, equipos de sonido mejores que los del cine y la llegada de las plataformas de streaming lo ha puesto todo patas arriba. Y es que los europeos preferimos quedarnos en casa -e invirtir en nuestro equipo, como veremos- antes que disfrutar de las salas de cine, con alguna que otra excepción claro está.
La industria sigue pensando que las cifras se recuperarán. La enorme caída que supuso la llegada del COVID-19 hizo mucha mella en el sector. Se prometió que el pasado 2025 sería el gran año del resurgimiento en la gran pantalla. Sin embargo, los datos publicados en el informe conjunto de la Unión Internacional de Cines (UNIC) han caído como un jarro de agua fría: el público no está volviendo a las salas comerciales y prefiere, de forma abrumadora, disfrutar del cine desde la comodidad de sus hogares.
Las salas de cine siguen muriendo: Europa y Norteamérica no remontan y acumulan una caída del 20% desde 2019

El informe presentado por la UNIC sigue esa tendencia iniciada tras el COVID-19 y es que los espectadores perdidos no vuelven, además de que las salas de cine no conectan con las nuevas generaciones por lo que la venta de entradas de cine en Europa se contrajo otro 4,4%, registrando un total de 873,2 millones de entradas vendidas. En términos de recaudación, la caja se redujo un 1,2%, situándose en los 6900 millones de euros.
Y es que esta pérdida de ingresos se suma ya a la de todos los años, especialmente duros desde el 2019, con unas cifras alarmantes en todos los sentidos. Y es que el informe marca que las salas europeas ingresan hoy casi un 20% menos y han perdido un demoledor 35% de sus espectadores. En Estados Unidos la cosa no pinta mejor: es cierto que ha subido la recaudación un 1.5% (debido a la subida de precios) pero la asistencia real a las salas cayó un 4,9%, sumando únicamente 780 millones de entradas. En comparación con 2019, la taquilla norteamericana arrastra una pérdida del 22% de su público. No hay remontada posible.
Las películas tienen un nuevo Rey: gastamos 8 veces más en el salón de casa que en el cine

Cada uno, a su manera, la gente está disfrutando del cine en su casa. Unos en el salón con una barra de sonido, otros con una habitación dedicada con proyector, grandes pantallas con una calidad perfecta como las OLED, etc. Todo el flujo de espectadores y de dinero que antes iba a las salas de cine se acumula, ahora, en nuestro hogar. Ya sabéis: La energía no se crea ni se destruye, solo se transforma. Pues aquí ocurre un poco igual.
Además, el mercado del entretenimiento en el hogar vive una época dorada impulsada por la adopción masiva de Smart TVs de gran pulgada, barras de sonido dedicadas, receptores AV y proyectores de última generación. Y en el elemento más importante, el televisor, es de los pocos que no ha subido su precio significativamente como si han hecho otras formas de ocio (restauración, arte, el propio cine, deporte, etc.).
Si en 2017 los ingresos generados por el entretenimiento en el hogar duplicaban a los de la taquilla cinematográfica, en 2025 la brecha se ha vuelto insalvable: el ocio en el hogar ya genera ocho veces más ingresos que todas las salas de cine juntas en mercados como el estadounidense. Una auténtica pasada. Parte de esos datos se explica por el enorme abanico de posibilidades que nos dan las plataformas de streaming, el alquiler y compra digital e incluso un inesperado mercado físico de películas en formato UHD. Todas ellas superan en calidad al cine, que sigue languideciendo poco a poco, año a año.
Y ahí está la cuestión: es cierto que a principios de año parecía que veríamos una remontada a lo largo del año, pero ya no es una cuestión ni si quiera de calidad: es una cuestión de costumbre social. La gente ha perdido la costumbre de ir a las salas de cine como forma de ocio y en su casa han encontrado un equivalente que, a la inmensa mayoría, les vale. Por lo tanto…¿acabaremos viendo el fin de las salas de cine tal y como las conocemos antes del fin de esta década?




