El estándar de certificación THX cumple cuatro décadas desde la publicación de su primer manual técnico para salas comerciales en 1986, tras un periodo previo de desarrollo iniciado en Lucasfilm en 1983. Algunos proyeccionistas guardan ese libro (en inglés) como un códice incunable de la Edad Media.
En un panorama audiovisual dominado por formatos de audio de alta resolución, sonido inmersivo basado en objetos como Dolby Atmos, la función de este distintivo sigue generando dudas recurrentes entre los aficionados al home cinema. Analizamos la historia de la marca, la evolución de sus exigencias de margen dinámico en cine, la jerarquía de niveles para consumo y su posición estratégica tras la integración en el catálogo de Razer.
La gran confusión del home cinema sobre la naturaleza del sello
Existe una idea equivocada recurrente dentro de la alta fidelidad y el cine en casa: considerar este sello como una tecnología de codificación de audio o un formato o códec. La naturaleza técnica del estándar es completamente distinta.
- No es un formato de sonido: la firma no crea códecs, algoritmos de grabación ni métodos de distribución de señal. Todas las pistas de audio digitales (Dolby Digital, el extinto SDDS, DTS, IMAX) y las fuentes analógicas tradicionales (Dolby SR, Ultra-Stereo) se pueden reproducir en instalaciones certificadas.
- Es un sistema de control de calidad: cuando un estudio o una producción lucen esta insignia, significa que la mezcla sonora ha sido supervisada en un entorno controlado para asegurar que el espectador escuche exactamente la misma respuesta en frecuencia, el mismo rango dinámico y el mismo equilibrio tonal concebidos por el director en la sala de postproducción.
- Un estándar de construcción para la electrónica: en el ámbito del hardware (receptores AV, amplificadores, altavoces o proyectores), el sello certifica que el componente ha superado una serie de ensayos en laboratorio para garantizar una baja distorsión armónica, linealidad y márgenes de potencia adecuados.
De hecho, muy recientemente este debate ha tenido un inesperado sucesor. Hace unas semanas saltó a la escena el Infinity Vision. Su caso es parecido al del THX en su momento. El choque de trenes programado para el 18 de diciembre de 2026 provoca que dos gigantes Dune 3 y Avengers Doomsday coincidan en pantallas.
Disney se ha sacado de la manga este nuevo logotipo llamado Infinity Vision para diferenciarse de salas IMAX con Dune 3. Se trata estrictamente de una certificación comercial. Es un sello diseñado para lucir bajo un mismo nombre a las salas PLF (Premium Large Format) que ya existen. Un logotipo más con bastante menos valor añadido de lo que sí trajo THX en su momento, por los años 90 y 2000.
De El retorno del Jedi a la estandarización de las salas comerciales
El origen de la marca se sitúa en 1983, durante la fase de producción de El retorno del Jedi. George Lucas encargó al ingeniero Tomlinson Holman investigar por qué la experiencia sonora lograda en las salas de mezcla de Skywalker Ranch perdía consistencia al trasladarse a las salas comerciales de la época.
Holman identificó serias deficiencias en el aislamiento acústico, excesos de tiempo de reverberación y respuestas en frecuencia irregulares en los sistemas de reproducción de los cines. Como solución, en 1986 se publicó el primer manual técnico de diseño de salas cinematográficas, un texto que fijó requisitos estrictos para la geometría del espacio, el ruido de fondo de los sistemas de ventilación y el comportamiento de los altavoces tras la pantalla microperforada.
Cuarenta años de evolución en el headroom y el margen dinámico
El concepto de headroom (la capacidad de un sistema para reproducir picos transitorios de alta energía sin generar recortes ni distorsión) ha sido uno de los pilares técnicos más rigurosos del estándar desde su creación:
- 1983 Inicio del programa: arranque de las pruebas de laboratorio en las instalaciones de Lucasfilm para definir los parámetros de respuesta electroacústica en salas.
- 1986 Manual técnico original: se estableció un nivel de calibración de referencia de 85 dBC SPL continuo por canal principal, exigiendo un headroom inicial de 8 dB.
- 1991 La llegada del audio digital: con la implantación del sonido digital, la normativa endureció los requisitos contra la distorsión en las bobinas de los altavoces, demandando componentes capaces de soportar dinámicas extendidas sin fatiga.
- Criterios actuales: los requisitos exigen mantener la integridad dinámica en todo el volumen de la sala, combinados con niveles de ruido ambiental controlados (curvas de ruido de fondo NC-30 o inferiores) y tiempos de reverberación (RT60) ajustados a las dimensiones del recinto. Además, exige una cadena de amplificación que entregue picos limpios de 105 dB SPL por canal y hasta 115 dB SPL en el canal de efectos de baja frecuencia (LFE), lo que equivale a +20 dB de headroom.
El salto al entorno doméstico y el modelo de certificación bajo demanda
A comienzos de la década de 1990, coincidiendo con la popularización del LaserDisc y la posterior llegada del DVD, la entidad adaptó sus especificaciones de laboratorio al mercado del home cinema. Sin embargo, en la actualidad, el modelo de negocio para el sector del consumo funciona exclusivamente bajo petición del fabricante:
Las marcas que desean obtener la licencia envían voluntariamente sus equipos a las instalaciones de la compañía, financiando las pruebas de laboratorio. Si el dispositivo supera las exigencias electroacústicas, obtiene la certificación comercial. Por esta razón, la ausencia del logotipo en un receptor o altavoz de gama alta no implica una menor calidad constructiva, sino la decisión del fabricante de no asumir el coste de la licencia externa.
De las salas pequeñas a las exigencias extremas de THX Dominus
Para adaptar las exigencias de presión sonora y dispersión a diferentes tipos de habitación, el programa estructura sus niveles en función de la distancia de escucha y el volumen de la estancia:
| Categoría THX | Distancia de escucha | Volumen de la estancia | Entorno recomendado |
|---|---|---|---|
| Compact | ~2,4 metros | Hasta 28 m3 | Dormitorios y salas pequeñas |
| Select | 3,0 – 3,6 metros | Hasta 57 m3 | Salones medianos no dedicados |
| Ultra | ~3,6 metros o más | Hasta 85 m3 | Salas dedicadas de gran tamaño |
| Dominus | Hasta 6,0 metros | Hasta 184 m3 | Cines privados de nivel profesional |
La especificación Dominus representa el nivel más exigente diseñado para el ámbito residencial. Concebida para cubrir el hueco entre el cine en casa de gran formato y las salas comerciales, exige a los conjuntos de altavoces y etapas de potencia alcanzar 105 dB SPL continuos en recintos de hasta 184 metros cúbicos sin generar distorsión armónica apreciable.
La instalación de componentes certificados bajo este nivel en estancias de dimensiones moderadas (por ejemplo, salones de 30 m2) garantiza un margen de potencia óptimo con tasas de distorsión prácticamente inaudibles, aunque supone un sobredimensionamiento evidente del equipo en relación al volumen del espacio.
Es decir, se puede usar y beneficiarse de unos altavoces certificados Perlisten THX Dominus en una sala pequeña, pero la desproporción es enorme.
También conviene recordar toda la literatura técnica que traspasó el mundo de la calibración de salas de cine al ámbito del mundo doméstico. Reconozco que fueron pioneros y su relevancia y su buen trabajo, pero para mi sorpresa, aún hoy en día se repiten mantras en el home cinema que hacen chirriar la calibración en 2026. ¿Cómo es posible que se repita y se ejecute con una fe inquebrantable que todos los altavoces de todas nuestras casas se deben cortar con el crossover a 80 hz?
Me recuerda a cuando alguien no aficionado al fútbol ve un Mundial y llega una prórroga y dice »¿ahora es gol de oro, verdad?’‘. Algo similar ocurre con los míticos 80 hz. Gracias THX por llamar la atención sobre los crossover, pero por favor, cambie su mantra y diga al mundo algo así como »el crossover se ajusta diferente según tus equipos y la acústica de tu sala».
La era Razer y el despliegue hacia nuevas líneas de hardware
En 2016, la compañía de tecnología y periféricos gaming Razer adquirió la firma. Esta operación aceleró una reorientación estratégica del negocio, diversificando la marca hacia componentes de microelectrónica y audio personal:
- Tecnología THX AAA (Achromatic Audio Amplifier): topología de amplificación híbrida de ultra baja distorsión, aplicada en amplificadores de auriculares e integrados de alta fidelidad.
- Dispositivos portátiles: desarrollo de convertidores digital-analógicos portátiles, como el DAC/AMPLI THX Onyx, enfocados al mercado móvil y de ordenadores.
- Interconexiones y cableado: programas de certificación para cables HDMI de alta velocidad, como las especificaciones HDMI 2.1b destinadas a garantizar anchos de banda elevados sin pérdidas de señal.
Impacto de la tecnología THX Spatial Audio en el mercado de consumo
A través de esta diversificación surgió la tecnología THX Spatial Audio, un algoritmo de procesado inmersivo virtualizado para auriculares y sistemas de sonido en juegos, configurado para entornos 7.1.4. Este movimiento comercial introdujo cierta ambigüedad entre los consumidores:
Tras décadas defendiendo que la marca no era un formato de sonido ni un sistema de procesado digital, la publicación de una solución de audio espacial propia bajo el mismo sello provocó que parte del público reincidiera en la confusión histórica sobre la verdadera naturaleza de la certificación.
¿Mantiene THX su prestigio entre los aficionados a la alta fidelidad?
La influencia del sello en la electrónica de consumo actual difiere notablemente de la posición dominante que ostentaba en las décadas de 1990 y 2000. En aquel periodo, contar con la insignia en el chasis de un receptor AV era el argumento de venta principal para el aficionado que buscaba el máximo rendimiento.
En la actualidad, la evolución de las técnicas de diseño electroacústico permite que numerosos fabricantes construyan equipos de prestaciones excepcionales sin necesidad de recurrir a la certificación externa. Al mismo tiempo, el auge de los sistemas de calibración acústica y corrección por DSP (como Dirac Live, Audyssey o las herramientas avanzadas de corrección de sala Gsonic y AcoustiX) ha pasado a gestionar de manera directa la respuesta de sala en el entorno doméstico, asumiendo el protagonismo técnico que anteriormente dependía de los estándares de hardware.
Pese a esta transformación del mercado, las especificaciones desarrolladas por la entidad durante los últimos cuarenta años se mantienen como un marco de referencia indudable dentro de la ingeniería de sonido para comprender cómo medir, construir y calibrar un entorno de escucha con rigor profesional. En otras palabras, podríamos decir que no es una especie en extinción, pero sí en retroceso en cuanto a su relevancia.








