Todos sabemos que el IMAX 70 mm es lo más parecido a ver una película tal y como la imaginó Christopher Nolan. Fotogramas gigantescos, pantallas enormes y una calidad de imagen que sigue siendo difícil de igualar incluso con los mejores proyectores digitales actuales. Pues bien, para proyectar La Odisea en este formato se están utilizando máquinas instaladas en 1998, cuando todavía ni siquiera existía el HDMI.
Y es que detrás de las sesiones más espectaculares de La Odisea hay proyectores que dependen de viejos PalmPilot, ordenadores con Windows XP, circuitos de refrigeración por agua y piezas que llevan décadas sin fabricarse. Vamos, que una de las películas más avanzadas técnicamente de 2026 está siendo proyectada con sistemas diseñados a finales de los años noventa.
El caso más llamativo es el del IMAX Melbourne, cuyo proyector GT llegó en 1998 y fue retirado en 2015 tras la instalación de un nuevo sistema láser 4K. La máquina quedó almacenada con la idea de terminar en un museo, pero el estreno de Dunkerque obligó al equipo a recuperarla, restaurarla y volver a ponerla en funcionamiento. Ahora, casi treinta años después, ese mismo proyector se está utilizando para mostrar La Odisea en auténtico IMAX 70 mm.
Una película que se mueve por el proyector a 1,7 metros por segundo

Una copia IMAX 70 mm no funciona como la típica película que hemos visto toda la vida en un cine. La cinta utiliza 15 perforaciones por fotograma y avanza horizontalmente, permitiendo que cada imagen tenga una superficie muchísimo mayor que la de una copia convencional de 35 o 70 mm.
Esto permite mostrar la imagen completa en formato 1.43:1, siempre que la sala disponga de una pantalla preparada para ello. Es esa imagen enorme, mucho más alta y envolvente, la que hace que una sesión en IMAX 70 mm sea tan diferente respecto a verla en un cine digital convencional.
El problema es que toda esa película tiene que pasar por el proyector a unos 1,7 metros por segundo. Para hacernos una idea, la copia de Oppenheimer medía más de 18 kilómetros y pesaba alrededor de 270 kilos. Antes de cada sesión, los operadores deben limpiar la máquina, comprobar el enfoque, medir la luminosidad y revisar que la película avance correctamente. Una simple mota de polvo termina convertida en una mancha gigantesca sobre una pantalla de más de 20 metros.
El sistema utilizaba PalmPilot y Windows XP para funcionar

Las enormes bandejas donde se coloca la película fueron fabricadas por una empresa alemana que ya no produce este tipo de equipamiento. Para controlar su movimiento se utilizaban PDA PalmPilot, aquellos pequeños dispositivos con pantalla táctil que se hicieron populares mucho antes de que aparecieran los smartphones.
En el IMAX Melbourne han sustituido ese sistema por un iPad capaz de emular el software original, pero siguen guardando dos PalmPilot cargados y preparados como sistema de emergencia. Y no estamos hablando de una pieza decorativa: si el control moderno falla, estos dispositivos de hace más de veinte años pueden ser necesarios para que la sesión continúe.
Algo parecido ocurre con el sonido. Las copias IMAX 70 mm no llevan la pista de audio grabada sobre la propia película, por lo que un sistema digital externo debe mantener el sonido perfectamente sincronizado con cada fotograma. Ese controlador ha seguido funcionando con Windows XP hasta hace muy poco, aunque IMAX ya está sustituyéndolo por una plataforma más moderna y preparada para trabajar con sistemas de audio de más canales.
Una fuga de agua puede poner en peligro toda la proyección

La gigantesca lámpara de xenón utilizada por estos proyectores genera una cantidad brutal de calor, por lo que necesita un circuito de refrigeración por agua funcionando constantemente. El problema es que las tuberías, juntas y bombas también envejecen, especialmente cuando la máquina pasa meses sin utilizarse.
En Melbourne, uno de los operadores tuvo que alimentar manualmente el circuito durante unas tres horas después de producirse una fuga. El técnico terminó completamente empapado, pero la proyección pudo continuar y el público ni siquiera se enteró de lo que estaba ocurriendo detrás de la cabina.
En el BFI IMAX de Londres también han sufrido problemas similares, incluida la explosión de una lámpara relacionada con el sistema de refrigeración. Estas lámparas trabajan a una presión enorme y cualquier fallo puede obligar a detener la máquina inmediatamente.
El gran problema es que IMAX ya no fabrica proyectores nuevos de película 15/70 mm y muchas de las empresas que suministraban sus componentes han desaparecido. Los técnicos dependen de piezas almacenadas, recambios recuperados de otras máquinas y modificaciones realizadas específicamente para mantenerlas vivas.
Actualmente, apenas unas 45 salas de todo el mundo pueden proyectar La Odisea en verdadero IMAX 70 mm. Cada una de ellas depende de operadores especializados, sistemas con casi treinta años de antigüedad y una cantidad limitada de repuestos. PalmPilot, Windows XP y tuberías de agua sostienen así uno de los formatos cinematográficos más impresionantes que todavía podemos ver en una sala.




