Los proyectores están viviendo una época de innovaciones brutales, especialmente gracias a los fabricantes chinos como XGIMI o Valerion. Sin embargo, por muy buenos resultados que estén dando, al fin y al cabo son prisioneros de las propias limitaciones de la tecnología DLP: un contraste nativo que oscila los 1500:1 (reales en condiciones de lúmenes «usables«) lo que pese a algoritmos como el EBL o similares (que juegan con la reasignación de la gamma en tiempo real), es el que es. Pues bien, tiene solución y es bastante viable de implementarla.
Y es que hace años se hablaba de la posibilidad de implementar una técnica fascinante: la implementación de una arquitectura de doble chip DMD de 0.47 pulgadas en cascada (doble modulación óptica). Un movimiento que, sobre el papel, podría erradicar de un plumazo el gran talón de Aquiles de la proyección DLP: su pobre contraste nativo y nivel de negros. Hasta ahora era inviable debido a los costes del chip y especialmente de los pocos lúmenes que tenían los proyectores hace poco. Sin embargo, hoy vemos proyectores con 8000 lúmenes y los precios han bajado una barbaridad…por lo que es totalmente viable.
El proyector definitivo con doble chip DMD de 0.47″ es posible…y multiplicaría por 500 el contraste actual

Y es que de lo que hablamos hoy es de fuliminar de un plumazo el principal punto débil de todos los proyectores DLP: su nivel de negro. Éstos son la mayoría de los proyectores actuales (excepto los basados en LCoS como los JVC o Sony que ya tienen un contraste nativo muy bueno, pero con menos lúmenes) que vemos hoy en día de XGIMI, Valerion o similares. Todos ellos se basan en un chip de 0.47″ de Texas Instruments, compuesto por millones de microespejos que reflejan la luz láser (normalmente RGB) que crea finalmente la imagen.
Como resultado, los proyectores DLP son más baratos, son capaces de dar un chorro de luz impresionante y tienen un movimiento y nitidez generalmente mejores, con un contraste ANSI sensacional. Por el otro, adolece de un nivel de negro deslavado y un contraste nativo secuencial francamente pobre…hasta ahora. El problema fundamental del chip DMD de 0.47″ es la dispersión de luz que se filtra entre los millones de microespejos, lo que limita el contraste nativo de la matriz a valores reducidos (habitualmente entre 800:1 y 1.500:1).
¿Qué ocurre si hacemos pasar la luz a través de un segundo chip DMD sincronizado píxel por píxel? La magia de la física óptica: el contraste nativo no se suma, se multiplica. Si un primer chip bloquea la luz dejando pasar solo una fracción residual, el segundo chip vuelve a aplicar el mismo factor de atenuación sobre esa luz filtrada. Así, pasar de una relación modesta a factores de multiplicación de entre 100x y 500x se vuelve técnicamente viable, permitiendo alcanzar cifras de contraste nativo real entre 300000:1 y 500000:1. Una auténtica burrada que dejaría en pañales todo lo visto hasta ahora en proyección.
El precio a pagar del doble chip DMD: una pérdida de entre un 30 y un 50% de luminosidad

Toda tecnología tiene su punto débil. Si recordáis, antes os decía que esta técnica no se aplicaba hasta ahora era precisamente por eso: la pérdida de luz es de entorno a un 30 al 50% debido a que que la transmisión de la luz a través de una cadena óptica doble, con los correspondientes prismas y rebotes en dos matrices de silicio, conlleva una pérdida de rendimiento. En la era de las lámparas UHP o los LED de primera generación, esto habría sido un obstáculo insalvable ya que los mejores modelos tenían solo 1200-1400 lúmenes.
Sin embargo, la madurez de las fuentes de luz láser de tri-color (RGB) cambia por completo el mundo de la proyección Con motores láser actuales capaces de entregar 8.000 lúmenes brutos con relativa facilidad y costes contenidos, perder la mitad de la potencia a cambio de una pureza de negro absoluta deja como resultado una máquina impresionante de unos 4.000 a 5.000 lúmenes con niveles de negro OLED. ¿Quién diría que no?
Y es que además nos olvidaríamos por completo de trucos como la modulación agresiva del diodo láser (laser dimming) o iris mecánicos lentos que provocan efectos de bombeo de luz (pumping). Si algún fabricante logra resolver los complejos desafíos de ingeniería —principalmente la alineación micrométrica de dos matrices de 0.47″ para evitar problemas de convergencia y la disipación térmica del haz láser—, estaríamos ante el proyector definitivo. Y los chinos ya han dejado caer que están investigando esta vía y que llegará antes de lo que creemos.




