Es una de esas cosas que pueden volvernos un poco locos con un proyector. Lo encendemos, ponemos el patrón de prueba, tocamos el enfoque hasta dejarlo perfectamente nítido y empezamos la película tan tranquilos. Pero pasa un rato, aparece algún subtítulo o volvemos al menú y pensamos: un momento… esto antes se veía más enfocado.
Pues sí, puede pasar. Y además no significa necesariamente que nuestro proyector esté estropeado. El fenómeno tiene incluso nombre, focus drift, y básicamente consiste en que el enfoque puede moverse ligeramente durante los primeros minutos mientras el proyector va cogiendo temperatura.
De hecho, esto está tan asumido por algunos fabricantes que Epson recomienda en varios de sus modelos esperar entre 20 y 30 minutos antes de hacer el ajuste fino del enfoque. Vamos, que dejar el proyector clavado nada más encenderlo quizá no sea la mejor idea del mundo.
El proyector se calienta y la óptica también lo nota

Aunque desde fuera no lo parezca, dentro de un proyector están pasando muchas cosas. Tenemos una fuente de luz bastante potente, electrónica, ventiladores, chips de imagen y un sistema óptico funcionando todo junto. Y claro, todo eso genera calor.
Cuando acabamos de encenderlo, el aparato todavía está frío. Poco a poco empieza a calentarse hasta llegar a su temperatura habitual de funcionamiento y, durante ese proceso, algunos materiales pueden expandirse ligeramente.
No hablamos de nada que podamos ver a simple vista. Son cambios diminutos. El problema es que en una lente y en un sistema óptico un movimiento minúsculo puede ser suficiente para cambiar un poco el punto perfecto de enfoque.
Por eso quizá una película nos siga pareciendo perfectamente bien, pero en cuanto aparece una línea fina, un menú o unos subtítulos pequeños empezamos a notar que ya no están tan afilados como cuando acabábamos de encender el proyector. Ahí es donde normalmente canta más.
Mejor esperar un poco antes de dejar el enfoque clavado

La solución además es bastante sencilla. Podemos enfocar el proyector nada más encenderlo para empezar a usarlo, evidentemente, pero el ajuste fino de verdad es mejor hacerlo cuando ya lleva un rato funcionando.
Unos 20 o 30 minutos suele ser una buena referencia, precisamente porque es el margen que encontramos en recomendaciones oficiales de algunos fabricantes. Para entonces el aparato ya debería haber alcanzado una temperatura mucho más estable y el enfoque debería moverse bastante menos.
Podemos comprobarlo nosotros mismos sin hacer absolutamente nada raro. Dejamos el proyector funcionando media hora, ponemos su patrón interno de prueba o cualquier imagen con texto pequeño y líneas finas y volvemos a tocar el enfoque.
Es posible que descubramos que podemos mejorarlo ligeramente respecto a como lo habíamos dejado al principio. Y aquí viene lo curioso: si lo dejamos perfectamente enfocado estando caliente, lo apagamos durante varias horas y lo volvemos a encender completamente frío, puede que durante los primeros minutos vuelva a parecer un pelín desenfocado.
Una cosa es que cambie un poco y otra que se vea fatal

Eso sí, tampoco hay que echarle la culpa al calor de absolutamente todo. Una cosa es que durante los primeros minutos perdamos ese último puntito de nitidez, y otra muy diferente que media pantalla se vea borrosa o que el enfoque cambie muchísimo cada poco tiempo.
Si una zona de la imagen está perfectamente enfocada y otra no, si después de una hora sigue cambiando claramente o si directamente no conseguimos enfocar toda la pantalla a la vez, seguramente tengamos otro problema.
Ahí ya tocaría mirar la posición del proyector, la óptica, el mecanismo de enfoque, la lente o incluso si estamos utilizando demasiada corrección trapezoidal. También merece la pena comprobar algo tan básico como que la lente esté limpia, porque una huella o suciedad pueden fastidiarnos bastante más la imagen de lo que parece.
Y ojo también si acabamos de traer el proyector de un sitio muy frío. Al entrar en una habitación caliente puede aparecer algo de condensación en la óptica, así que en ese caso es mejor dejar que el aparato se aclimate antes de ponerse a tocar ajustes como un loco.
Así que ya sabéis: si acabáis de encender el proyector, no perdáis diez minutos intentando conseguir el enfoque absolutamente perfecto. Dejadlo funcionar un rato, disfrutad de algo de contenido y volved a comprobarlo media hora después. Es muy posible que entonces podáis darle ese último toque y dejarlo realmente clavado.




