Los televisores OLED llevan unos años mejorando una auténtica barbaridad, especialmente en brillo y calidad de imagen. Pero hay algo que todavía se les resiste y que los fabricantes llevan muchísimo tiempo intentando solucionar: conseguir un azul realmente puro, que consuma poca energía y que además aguante el paso del tiempo. Pues bien, parece que los científicos acaban de dar otro paso muy importante para conseguirlo.
Y es que un grupo de investigadores de las universidades de Tsinghua y Cambridge acaba de publicar un estudio en la prestigiosa revista Nature Photonics que promete acercarnos un poquito más a ese OLED azul ideal. Lo mejor de todo es que han conseguido una eficiencia del 35,9%, manteniendo una emisión azul muy pura y mejorando su estabilidad, una combinación que hasta ahora resultaba especialmente complicada.
Para que nos entendamos, no estamos hablando de un nuevo televisor de LG o Samsung que vaya a llegar mañana a las tiendas. Se trata de una tecnología experimental que podría utilizarse en las próximas generaciones de pantallas OLED. Y ojo, porque la clave de este descubrimiento no está únicamente en conseguir mejores colores, sino también en aprovechar mucho mejor la energía y evitar que el rendimiento caiga cuando exigimos más brillo.
El gran problema del OLED azul empieza a encontrar solución

Seguro que muchos ya sabéis que los televisores OLED utilizan materiales orgánicos para generar luz. El problema es que no todos los colores se comportan igual. Mientras que el rojo y el verde llevan bastante tiempo ofreciendo buenos resultados, el azul sigue siendo uno de los mayores quebraderos de cabeza de esta tecnología.
¿El motivo? Básicamente, necesita trabajar con una energía mayor, lo que complica conseguir una buena eficiencia sin perjudicar su vida útil. Además, cuando aumentamos el brillo, parte de esa energía termina desperdiciándose y el rendimiento puede empeorar. Precisamente por eso hemos visto a los fabricantes desarrollar paneles con varias capas emisoras, como los actuales Tandem OLED, para seguir mejorando sus prestaciones.
Pues bien, los investigadores han desarrollado un sistema que utiliza dos componentes para aprovechar mucho mejor la energía que llega al emisor azul. Dicho de una forma sencilla, consiguen que una mayor parte de esa energía termine convirtiéndose en luz útil y que el proceso se complete mucho más rápido. El resultado es un azul muy definido, con una emisión especialmente precisa y sin las pérdidas de rendimiento que suelen aparecer cuando el dispositivo trabaja a mayor intensidad.
Un 35,9% de eficiencia y una duración que abre nuevas posibilidades

Y vamos ya con las cifras realmente bestias. El dispositivo experimental ha conseguido alcanzar una eficiencia cuántica externa del 35,9%, que básicamente nos dice qué parte de la energía eléctrica utilizada termina convirtiéndose en luz que sale del dispositivo. Es un resultado especialmente top por la combinación de eficiencia, pureza del azul y estabilidad.
Pero no es lo único que sabemos. Los investigadores comprobaron que el dispositivo mantenía el 90% de su eficiencia máxima incluso trabajando con una corriente eléctrica muy elevada. O sea, consiguieron que siguiera funcionando con un rendimiento súper alto incluso al exigirle bastante más de lo normal. Además, la luz azul emitida muestra una banda de color muy estrecha, hablamos de solo 15,4 nanómetros, cosa que ayuda mucho a conseguir tonos más definidos.
Y por último pero no por ello menos importante. Después de funcionar durante 632 horas con un brillo inicial de 1.000 nits, el dispositivo conservaba el 80% de su luminosidad original. Obviamente, ten en cuenta que queda muchísimo trabajo por delante antes de que esto empiece a llegar a televisores que podamos comprar, especialmente en cuestiones de durabilidad y fabricación.

Pero la investigación nos demuestra que es posible mejorar varias de las grandes debilidades del OLED azul al mismo tiempo, abriendo la puerta a futuras pantallas con colores más precisos, mejor eficiencia y una estabilidad mayor.




