Seguro que en los últimos años te has fijado en que los fabricantes de televisores parecen haberse metido en una auténtica guerra por ver quién pone el número más grande en la caja. 1.500 nits, 2.000 nits, 3.000 nits y cada vez cifras más bestias que, sobre el papel, parecen decirnos directamente qué televisor va a tener mejor HDR. Pero ojo, porque con los nits hay bastante más letra pequeña de la que parece.
Y es que cuando leemos que un televisor alcanza, por ejemplo, 2.000 nits de brillo máximo, eso no quiere decir que toda la pantalla pueda ponerse a 2.000 nits mientras vemos una película. Ni mucho menos. Normalmente estamos hablando de un pico de brillo conseguido en una pequeña parte de la pantalla y bajo unas condiciones muy concretas.
Precisamente por eso en AVPasión, cuando analizamos el brillo de un televisor, no nos quedamos únicamente con una cifra. Medimos diferentes porcentajes de pantalla porque son los que realmente nos permiten saber cómo se comporta el panel. Y es ahí donde aparecen las famosas ventanas del 1%, 2%, 10%, 25%, 50% y 100%, que tienen muchísimo más sentido de lo que puede parecer en un primer momento.
2.000 nits en una ventana del 10% no son 2.000 nits en toda la pantalla

Empecemos por lo básico. Cuando hablamos de una medición al 10%, lo que hacemos es mostrar un rectángulo blanco que ocupa aproximadamente un 10% de toda la superficie de la pantalla y medir cuánto puede iluminarlo el televisor. Cuanto más pequeña sea esa ventana, más sencillo suele ser para el panel alcanzar cifras de brillo muy altas.
Y esto no es ninguna trampa rara de laboratorio, ya que tiene bastante sentido para el HDR. Piensa en una película: un reflejo del sol sobre un coche, una explosión, una linterna apuntando a cámara, unas luces de neón o el brillo de una espada ocupan solo una pequeña parte de la imagen. Ahí es donde un pico de 2.000 nits puede aportar ese impacto brutal que buscamos en HDR.
El problema aparece cuando vemos únicamente esa cifra y pensamos que el televisor es capaz de hacer lo mismo con toda la pantalla iluminada. No funciona así. De hecho, cuando empezamos a aumentar el tamaño de esa ventana es cuando realmente descubrimos hasta dónde puede llegar el televisor.
Una escena muy luminosa puede cambiar completamente la película

Pongamos ahora otro ejemplo muy sencillo. Pasamos de una pequeña bombilla en mitad de una habitación oscura a una montaña completamente nevada bajo el sol, un paisaje lleno de luz o cualquier escena donde gran parte de la pantalla tenga que ser muy brillante. La exigencia para el panel cambia por completo.
Un televisor que llega a esos 2.000 nits con una ventana pequeña puede bajar considerablemente cuando pasamos al 25%, al 50% y especialmente al 100% de pantalla blanca. Y precisamente esta última medición nos da una pista muy buena de cuánto brillo puede mantener el televisor cuando tiene que iluminar prácticamente todo el panel a la vez.
Por eso dos televisores pueden anunciar exactamente los mismos 2.000 nits y luego verse bastante diferentes uno al lado del otro. Uno podría mantener muchísimo mejor el brillo cuando aparece una imagen luminosa de gran tamaño, mientras que el otro podría reducirlo bastante. El numerazo de la ficha técnica sería idéntico, pero el comportamiento real no tendría por qué serlo.
Llegar a una cifra durante unos segundos tampoco es lo mismo que mantenerla

Y todavía tenemos otra variable que muchas veces se olvida: el tiempo. Un televisor puede ser capaz de alcanzar un pico de brillo espectacular durante unos segundos y después ir reduciéndolo poco a poco si esa situación se mantiene durante demasiado tiempo.
Aquí entran en juego factores como la temperatura del panel, el consumo energético y los propios algoritmos de protección y gestión del televisor. Cuanto más brillante tenga que ser una superficie y durante más tiempo tenga que mantenerla, más complicado será sostener esos valores máximos de luminancia.
Es precisamente por eso que una simple medición de pico no nos cuenta toda la película. Podemos tener 2.000 nits durante un momento concreto, pero luego interesa saber qué ocurre unos segundos después, qué sucede al aumentar la superficie iluminada y cómo responde el televisor durante una escena HDR real.
Más nits tampoco significan automáticamente una mejor imagen HDR

Y para rematar tenemos otro punto fundamental: el brillo es solamente una parte de la ecuación. Podemos tener un televisor capaz de lanzar una barbaridad de luz y que luego no gestione correctamente esa información HDR.
Aquí entran aspectos como el tone mapping, el nivel de negro, el control de la iluminación, el detalle en las altas luces o el volumen de color. De poco sirve tener un pico espectacular si el televisor termina quemando detalles de una nube, un foco o una explosión, o si los colores empiezan a perder saturación cuando aumentamos mucho la luminancia.
Así que la próxima vez que veas anunciado un televisor con 2.000, 3.000 o más nits, ya sabes dónde está la pequeña trampa. La cifra importa, claro que importa, pero necesitamos saber en qué ventana se consigue, cuánto tiempo puede mantenerse y qué ocurre cuando iluminamos una parte mucho mayor de la pantalla. Ahí es donde realmente podemos empezar a saber cómo de potente es su HDR.




