Mucha gente compra un receptor AV mirando prácticamente un único dato: la potencia. Ves en la caja 150 W por canal, haces una cuenta rápida y piensas que si el modelo tiene nueve canales, tendrás nueve altavoces recibiendo 150 W cada uno. Pues bien, siento deciros que la realidad es bastante diferente…y la culpa la tiene, como casi siempre, la letra pequeña.
Y es que esos 150 W pueden ser totalmente reales, pero medidos en unas condiciones muy concretas que rara vez se parecen a las de nuestro cine en casa. Normalmente se utiliza uno o dos canales, una frecuencia determinada, una impedancia más baja e incluso un nivel de distorsión bastante más alto de lo habitual. En cuanto conectamos el central, los surrounds y los altavoces Atmos, toda esa potencia tiene que empezar a repartirse.
¿Significa esto que los fabricantes nos están engañando? realmente no. El problema es que suelen destacar la cifra más grande posible y dejan el resto de condiciones escondidas en las especificaciones técnicas. Por eso hoy os voy a explicar cómo leer la potencia real de un receptor AV, para que no acabéis comparando dos modelos basándoos en números que, en realidad, no significan lo mismo.
Los 150 W casi nunca están medidos con todos los canales funcionando

Como os decía más arriba, un receptor AV puede anunciar 150 W por canal y estar diciendo completamente la verdad. El truco está en comprobar cuántos canales estaban funcionando durante la medición. En la mayoría de casos, esa potencia se obtiene usando únicamente uno o dos altavoces, aunque el receptor tenga siete, nueve o incluso once etapas de amplificación.
También hay que mirar el resto de datos. Una medición seria suele indicarse a 8 ohmios, usando todo el rango de frecuencia entre 20 Hz y 20 kHz y con una distorsión inferior al 0,1 %. Sin embargo, para conseguir una cifra más llamativa, algunos fabricantes realizan otra prueba a 6 ohmios, utilizando únicamente una frecuencia de 1 kHz y permitiendo hasta un 10 % de distorsión.
Por eso podemos encontrarnos el mismo receptor anunciado con 110 W, 150 W o incluso más de 200 W dependiendo de dónde miremos. El aparato no ha cambiado, lo que han cambiado son las condiciones de la medición. Y evidentemente, cuanto más fácil sea la prueba, mayor será la cifra final que aparecerá en la caja.
La fuente de alimentación tiene que alimentar a todo el sistema

El siguiente punto importante está dentro del propio receptor. Aunque cada canal tenga su etapa de amplificación, la mayoría comparte una única fuente de alimentación. Eso significa que toda la energía disponible tiene que repartirse entre los altavoces que estén funcionando en cada momento.
Cuando escuchamos música en estéreo, prácticamente toda la potencia puede concentrarse en los dos altavoces frontales. Sin embargo, al reproducir una película en Dolby Atmos entran en juego el central, los surrounds, los traseros y los altavoces de techo. Cuantos más canales estén trabajando al mismo tiempo, menos potencia máxima podrá recibir cada uno de ellos.
Evidentemente, esto no significa que un receptor de nueve canales vaya a quedarse sin fuerza en cuanto empiece una película. Los altavoces no están pidiendo la máxima potencia constantemente. Puede que el central esté reproduciendo un diálogo mientras los altavoces Atmos apenas trabajan y, segundos después, todo el sistema se active con una explosión o una escena de acción.
Además, si hemos configurado correctamente los altavoces como Small y usamos un crossover de 80 Hz, el subwoofer se encargará de las frecuencias graves. Y esto es importante porque el grave es la parte del sonido que más energía necesita, por lo que descargar ese trabajo en un subwoofer activo libera bastante potencia del receptor.
Así debes comparar correctamente dos receptores AV

A la hora de comparar dos modelos, olvidaros de la cifra más grande que aparezca en la publicidad. Lo correcto es buscar la potencia medida a 8 ohmios, entre 20 Hz y 20 kHz, con dos canales funcionando y una distorsión inferior al 0,1 %. Si ambas mediciones usan las mismas condiciones, entonces sí podremos compararlas de forma justa.
También hay que tener en cuenta la sensibilidad de nuestros altavoces. Un modelo de 90 dB necesita mucha menos potencia para alcanzar el mismo volumen que otro de 84 dB. Y aquí viene otro dato que suele sorprender bastante: duplicar la potencia únicamente aumenta el volumen unos 3 dB. Es decir, pasar de 100 a 150 W no va a suponer una diferencia enorme, aunque sobre el papel parezca muchísimo.
En una sala normal, con un buen subwoofer y altavoces razonablemente sensibles, un receptor de 80 o 100 W reales puede mover el sistema perfectamente. Otra cosa es que tengamos una sala enorme, altavoces muy exigentes o queramos escuchar cerca del volumen de referencia. En ese caso, sí puede tener sentido buscar un modelo con una fuente de alimentación más robusta o con salidas de previo para conectar una etapa externa.
Así que ya sabéis: un receptor de 150 W no entrega 150 W constantes a cada altavoz cuando todos están funcionando. No os quedéis con el número grande de la caja y revisad siempre cómo se ha realizado la medición. Muchas veces, un modelo anunciado con menos vatios puede tener una fuente de alimentación bastante mejor y rendir con mucha más soltura cuando conectamos todo nuestro cine en casa.




