Lejos de las grandes campañas promocionales de Hollywood y del ruido habitual de las superproducciones de estudio, el cine independiente continúa demostrando que parte de la ciencia ficción más estimulante suele cocinarse a pequeña escala. Ese es el caso exacto de Redux Redux (conocida también en algunos mercados bajo el subtítulo Matar, vengar, repetir), un thriller conceptual que decide abordar los saltos entre universos alternativos desde una perspectiva íntima, visceral y psicológica.
Últimamente hemos visto varias producciones que exploran el multiverso con diferentes puntos de vista. Desde las más aventureras hasta producciones con un tono más festivo y ligero. Pero Redux Redux plantea un ejercicio dramático árido y contenido. Aquí no hay desfiles de efectos visuales millonarios ni apariciones sorpresa al estilo Vengadores. La cinta utiliza el viaje interdimensional como una metáfora extrema del duelo, la obsesión y el desgaste moral que provoca quedar atrapado en una espiral de violencia interminable.
Este toque más autoral, menos comercial, ha convertido al filme en una de las grandes sorpresas del año, al menos a nivel de crítica. De hecho, logró un rotundo 97% de críticas positivas en Rotten Tomatoes. Con una narrativa sólida que confía en el peso dramático de sus personajes por encima del artificio visual, Redux Redux es una de esas películas que poca gente conoce pero que podría situarse como uno de los títulos más recomendables para cualquier aficionado a las historias de bucles temporales y realidades divergentes.
Una premisa desgarradora: justicia y muerte a través de infinitas dimensiones

El «subtítulo» que se ha utilizado en algunos países, Matar, vengar, repetir, es bastante revelador sobre el argumento de la cinta. Redux Redux arranca con una de las mayores tragedias imaginables: el asesinato de una joven a manos de un individuo conocido como Neville. Destrozada por la pérdida, su madre, Irene Kelly, descubre la posibilidad técnica o circunstancial de cruzar la frontera hacia dimensiones paralelas idénticas o ligeramente divergentes a la suya.
Sin embargo, el objetivo de la protagonista dista mucho de una búsqueda pasiva de consuelo. Incapaz de asumir el vacío, Irene traza un plan implacable: rastrear sistemáticamente a las diferentes versiones de Neville a lo largo y ancho del tejido dimensional para ejecutarlo una y otra vez. Convertida en una especie de cazadora multidimensional, la protagonista experimenta una espiral de deshumanización que se complica de forma imprevista cuando, en uno de sus saltos a través de realidades alternativas, colisiona con el destino de otra víctima, alterando la dinámica de su particular cruzada personal.
La dirección y el guion corren a cargo de Matthew McManus y Kevin McManus, cineastas que ya demostraron su capacidad para manejar la intriga psicológica y el misterio en títulos como El misterio de Block Island. En esta ocasión, los realizadores evitan dispersarse en explicaciones seudocientíficas excesivamente densas sobre la física teórica de los saltos cuánticos, priorizando el impacto psicológico que el desgaste de repetir un acto violento deja en la mente de su protagonista.
Interpretación sobria y un enfoque refrescante para el cine de viajes temporales

Gran parte de la solidez narrativa de la cinta descansa sobre la interpretación de Michaela McManus. La actriz estadounidense, con una dilatada trayectoria televisiva en títulos como Ley y orden: Unidad de víctimas especiales, One Tree Hill o Aquarius, asume el peso íntegro de la cinta mediante una caracterización que huye del histrionismo dramático. Su retrato de Irene refleja a una madre consumida por la culpa y el resentimiento, cuya vulnerabilidad se entrelaza con una frialdad casi quirúrgica a la hora de encarar cada nueva dimensión.
En el elenco secundario destacan nombres habituales del circuito independiente norteamericano como Jim Cummings, Grace Van Dien y Taylor Misiak, quienes aportan el contrapunto necesario para que las ramificaciones morales de la trama mantengan su pulso sin decaer en el segundo acto.
Pese a que la recepción entre el público generalista muestra una división más pronunciada que el entusiasmo unánime de los críticos (debido seguramente a un ritmo deliberadamente pausado), Redux Redux destaca precisamente por lo que no intenta ser: una aventura de evasión complaciente. Su apuesta por el thriller psicológico enmarcado en paradojas temporales y realidades divergentes ofrece una propuesta diferente.
Quizás no sea para todo tipo de público, pero es ideal para quienes aprecian la ciencia ficción que confía en el peso de sus personajes por encima del artificio visual. Puedes ver Redux Redux en la plataforma Movistar Plus+.




