Si te gusta el mundo del sonido, seguro que alguna vez has escuchado hablar de bicablear o biamplificar unos altavoces. Son dos técnicas bastante conocidas entre los aficionados al HiFi, especialmente cuando empezamos a montar equipos un poquito más serios. Pero hay una tercera posibilidad de la que se habla bastante menos y que, curiosamente, puede ofrecer todavía más ventajas que la biamplificación tradicional.
Hablamos de la triamplificación, una técnica que lleva décadas utilizándose en equipos de sonido profesionales y que también podemos encontrar en algunos altavoces de alta gama. La idea es bastante sencilla: en lugar de utilizar uno o dos canales de amplificación para alimentar un altavoz, utilizamos tres. Uno para los graves, otro para los medios y otro para los agudos.
Y es que, como explican en Best of High End, separar la amplificación puede tener bastante sentido cuando tenemos altavoces exigentes. Eso sí, no todo es tan sencillo como conectar más amplificadores y listo, porque hay varias formas de hacerlo y no todas ofrecen las mismas mejoras de sonido. Vamos a verlo.
¿En qué consiste exactamente la triamplificación de altavoces?

Bueno, para entenderlo tenemos que saber primero cómo funciona un altavoz convencional. Lo normal es que conectemos un único canal del amplificador y sea el propio altavoz el encargado de repartir el sonido entre sus diferentes componentes. Para hacerlo utiliza un filtro interno, conocido como crossover, que separa los graves, medios y agudos.
Con la biamplificación, que ya explicamos en AVPasión, utilizamos dos canales independientes. Generalmente uno se ocupa de los graves y el otro de los medios y agudos. Pues bien, la triamplificación añade un tercer canal para que cada banda de frecuencias tenga su propia amplificación. Así de sencillo.
Claro que esto tiene una consecuencia bastante importante. Si tenemos dos altavoces estéreo, necesitaremos nada menos que seis canales de amplificación. Además, las cajas deben estar preparadas para ello. No basta con que tengan tres vías, también necesitan conexiones independientes para cada sección o estar diseñadas como altavoces activos triamplificados.
La triamplificación activa es donde encontramos las mayores ventajas

Existen dos formas de triamplificar unos altavoces: activa y pasiva. En la pasiva seguimos utilizando los filtros internos de las cajas para repartir las frecuencias. Cada canal alimenta una sección diferente, pero los amplificadores continúan recibiendo la señal completa.
Sin embargo, con la triamplificación activa la cosa cambia bastante. El sonido se divide antes de llegar a los amplificadores, utilizando un filtro electrónico. De esta manera, el amplificador de graves solamente recibe las frecuencias graves, el de medios se encarga de las voces y los instrumentos en su rango correspondiente y el tercero trabaja con los agudos.
¿Y qué ganamos con esto? Pues varias cosas. Para empezar, podemos ajustar mucho mejor las frecuencias de corte y el nivel de cada sección. Además, cada amplificador trabaja con una parte más concreta de la señal, lo que puede ayudar a reducir la distorsión y mejorar la dinámica. Eso sí, para conseguirlo necesitamos que todo esté bien ajustado, especialmente los filtros y las ganancias.
¿Realmente se escucha mejor? Hay altavoces que ya utilizan esta tecnología

Un buen ejemplo lo tenemos en los ATC SCM50ASL Pro, unos monitores profesionales que incorporan triamplificación activa de serie. Y ojo a cómo reparten la potencia: 200 vatios para los graves, 100 vatios para los medios y 50 vatios para los agudos. En total, 350 vatios por altavoz.
Este reparto no es casualidad. Los graves suelen necesitar bastante más potencia que los agudos, especialmente cuando subimos el volumen. Al tener amplificación independiente, podemos evitar que las grandes demandas de los graves reduzcan el margen disponible para reproducir el resto de frecuencias. Esto puede traducirse en un sonido más limpio y con menos compresión en los momentos más exigentes.
Ahora bien, tampoco significa que cualquier equipo triamplificado vaya a sonar mejor que uno biamplificado. La diferencia depende muchísimo de los altavoces, los filtros y la calidad de los amplificadores. De hecho, con unas cajas normales y escuchando música a volúmenes moderados, es posible que apenas apreciemos mejoras. Donde más sentido tiene esta técnica es en sistemas exigentes, especialmente aquellos que ya han sido diseñados desde el principio para trabajar con tres canales independientes.




