El querer seguir la norma cinematográfica en nuestros televisores a veces tiene un problema importante: el efecto metamétrico o metamerismo. Y es un problema importante que afecta a aquellos que queremos utilizar los televisores para dejarlos de forma correcta mediante calibración con sonda. Si alguna vez habéis hecho la prueba de poner un televisor QD-OLED de última hornada al lado de un proyector Láser RGB, habéis puesto la sonda de calibración, habéis clavado el punto de blanco al D65 (el de la industria de cine), comprobaréis que no se ven igual…aunque deberían.
Y es que aquí entra en juego el llamado fallo metamérico (o metamerismo de observador), que ahora explicaremos más en profundidad. Y no, no es que vuestros ojos estén mal o que no estéis acostumbrados a ver las cosas según la norma de cine, ni tampoco es un fallo de la sonda, es simplmente un tema biológico y, curiosamente, de género. Vamos a desgranarlo en mayor produndidad.
El problema de la banda espectral ancha vs estrecha de los televisores y proyectores

El tema del metamerismo ha dado mucho que hablar a lo largo de los años. Pero ha sido en un reciente estudio firmado por Rider, Frith y Stockman (2026) y publicado en la prestigiosa revista Optics Express ha arrojado luz sobre el por qué ocurre este fenómeno y los temas físicos que lo acompañan.
Cuando intentamos comparar cara a cara dos tecnologías de visualización radicalmente distintas, no solo nos enfrentamos a los diferentes espectros de luz de cada panel, sino a las diferencias genéticas y biológicas del ojo humano. La calibración tradicional (estándar CIE 1931) asume que todos vemos la luz de la misma forma, pero la irrupción de las fuentes de luz de espectro estrecho han confirmado que es un problema grande.
Este problema ha sido muy poco relevante durante muchos años en el pasado, ya que antiguamente los televisores eran de tubos de rayos catódicos (CRT) o proyectores de lámpara de Xenón; ambos usan una «banda ancha» para pintar el color. Si imaginamos la retina humana como una superficie con pequeñas grietas o variaciones biológicas, la luz de banda ancha actuaba como un rodillo de pintura grueso: cubría de forma uniforme todas esas diferencias de sensibilidad, logrando que dos personas distintas percibieran prácticamente el mismo color.
Sin embargo, las pantallas modernas como los paneles Quantum Dot OLED o los proyectores de Láser RGB emplean primarios de «banda estrecha». En lugar de un espectro continuo, emiten picos de luz ultra estrechos y afilados como agujas para lograr cubrir espacios de color enormes como el Rec. 2020. Al proyectar picos de energía tan concentrados, cualquier minúscula variación en la estructura del ojo del observador actúa como un prisma que altera el balance de color percibido.
Todo afecta: el envejicimiento del ojo humano y el género influyen mucho más de lo que se creía

Cada ojo de cada persona es único. Si, es verdad que todos tenemos en la retina conos sensibles al rojo (L), verde (M) y azul (S). Sin embargo, existe una variante genética común en la proteína del cono L donde un simple cambio de aminoácido (Serina por Alanina en la posición 180) desplaza la sensibilidad máxima al rojo en unos 4 nanómetros. Ante una fuente de luz láser de banda estrecha, este desplazamiento de apenas 4 nm en la retina del espectador puede provocar hasta un 12% de discrepancia en la proporción de rojo y verde requerida para percibir una imagen como un blanco neutro. Algo que, por ejemplo, le pasa a servidor.
A esto se suma el envejecimiento natural del ojo. Con los años, el cristalino se densifica y adquiere una tonalidad amarillenta que absorbe la luz azul de onda corta. Mientras que ante una fuente de luz diurna tradicional un ojo más mayor percibirá la imagen más cálida, los primarios de azul de las pantallas modernas (fijados cerca de los 467 nm) logran esquivar la parte más densa de ese filtro amarillento. ¿El resultado? Ante la misma pantalla calibrada a D65, un observador mayor verá un dominante magenta/azulado mientras que un observador joven percibirá un tono verdoso/amarillento.
¿Y qué podemos hacer con este problema? la verdad es que poca cosa. Quizá recurrir al punto de blanco Judd-Voss que utiliza Sony desde hace años, aunque no es una solución universal. Otro tema es no comparar de forma directa ambas tecnologías: no pongas un proyector Láser y un televisor OLED uno al lado del otro en el mismo campo de visión. El cambio rápido de mirada altera la adaptación cromática de la mácula (mancha de Maxwell). Y quizá la más importante de todas: aceptarla. Que dos personas vean un televisor calibrado de forma diferente no es malo, es lo normal y lo esperable.




